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Mario Luis Altuzar Suárez: Director General

Ana Rosa García Cruz: Gerente

Omar Flores: Coordinador Editorial

 

Novela

Capítulo I

La Manifestación

Capítulo II

El Elegido

Capítulo III

El Secreto de  la Abuela

Capítulo IV

El Adepto de la Oscuridad

Capítulo V

El Viajero Dimensional

Capítulo VI

Los Misterios

de Karla

Capítulo VII

Contacto en el Equinoccio

Capítulo VIII

La Encrucijada

de Martiniano

Capítulo IX

La Revelación

Capítulo X

Las Fuerzas Ocultas del Hombre

Capítulo XI

El Mandato Divino

Capítulo XII

Las Claves del Iniciado

Capítulo XIII

La Renovación

El Autor

 

Ensayo

De cómo se desvío el Destino de México.

Poesía:

La Hora de los Muertos.

Homenaje a Hiroshima.

Cuento;

El Signo de los Tiempos.

Premio UNESCO de Literatura 93.

Metafísico:

Guía del Despertar del Espíritu.

Esotérico:

Tomo I

Del Archivo de Merlín.

Adam Kardmón

La Conspiración del Fin del Mundo

Por Mario Luis Altuzar Suárez

 

Capítulo XI

 

El Mandato Divino

 

-         ¿Cuándo y cómo fue? ¡Mi hermano! Se debe uno remontar  a poco más de 20 mil años terrestres. Después de que los Maestros Mensajeros llevaron al Padre Creador, la infausta noticia de que las Creaciones en Rebeldía desarrollaron su tecnología para romper la densidad del planeta en que fueron consignados y destruyeron Marduk para asentarse en Marte. Desde allí, se organizaron y empezaron a diseñar la estrategia del asalto a la Tierra. A nosotros, nos convocaron los Guardianes de la Obra del Padre para organizar la defensa de los Universos y aceptamos, por libre y espontánea voluntad, las misiones que a cada uno nos fueron encomendadas por los Dignatarios y Oficiales de la Casa del Padre. Pero si mi hermano Miguel lo prefiere, podemos viajar al momento mismo de los sucesos y con la visualización de los hechos, abrir su entendimiento y comprensión d la tarea importante que debe realizar en este momento.

-         ¿Qué debo hacer? –Pregunta el estudiante--, tengo tiempo más que suficiente para acompañarle, ya que en el hospital me dieron una semana de descanso. ¡Es curioso! No pedí vacaciones y de la dirección general me dijeron que merecía estos días de asueto con sueldo pagado, para que me reintegrara con mayor entusiasmo en mi nuevo puesto. ¿Cuándo partimos, Maestro?

-         ¡Bendito sea el Padre Creador! Podemos partir ahora mismo. –Dice el Iniciado al reconocer en su pensamiento, la intervención de la Gran Tribuna para facilitarle que entregue la Enseñanza a su discípulo. Comprensivo, sonríe al escuchar:

-         Permítame únicamente alistar mi ropa y utensilios personales de aseo, para que podamos partir. Puedo pasar por el cajero automático del banco para que contemos con dinero suficiente para el viaje.

-         ¡No, mi hermano! No necesitamos de esas cosas.

-         ¡Usted no! Pero yo sí necesito pagar el boleto del transporte y...

-         No me refiero a eso, mi hermano. Es más sencillo de lo que parece. Tome esos cojines del sofá y póngase lo más cómodo posible. Cierre los ojos e invoque a la Presencia Divina. Ahora, pida el enfrentamiento con usted mismo. La forma de pensamiento es que necesita saber cuando inició su misión y descubrir el Mandato Divino que recibió para su cumplir su cometido. Está entrando a un sueño profundo, pero tiene usted el pleno control de su cuerpo y principalmente del habla. Y podrá recordar todo lo que observe y lo que encuentre en su interior oculto. Repita conmigo: --Miguel sigue fielmente la oración--, “Padre, perdón te pido por haberme dejado vencer por la codificación genética impuesta en este cuerpo y que fortaleció el virus de la amnesia. Más hoy, no soy el mismo de ayer, hoy soy diferente ya que hoy tengo la conciencia de lo que soy; soy tu Hijo, Señor, y necesito la manifestación de tu Luz en mi entendimiento. ¡Qué se abra en mi, la Memoria de los Tiempos! Poder salvar la Palabra Sagrada que me fue entregada y así, poder cumplir con mis votos y juramentos”. –Quedan unos segundos en silencio. El Maestro, conocedor de los tiempos requeridos en este ejercicio, siente la respiración del viajero y en el momento oportuno, pregunta: --¿Qué ve, mi hermano?

-         ¡Es... es maravilloso! Veo campos verdes y amarillos, como si fuesen trigales. Siento la brisa suave del aire. Ahí vienen muchas personas. Parece que tienen prisa. ¿Soy ese joven? ¡Sí! Estoy seguro que yo soy el que soy. Me dicen que les siga, que es muy importante. Vamos por una banda de cristal transparente. Nos acercamos a unas construcciones que irradian luces azuladas. Son cristal transparente. Nos acercamos a unas construcciones que irradian luces azul verdosas. Son cónicas y piramidales pero... no están sobre la tierra. ¡Flotan! Llegamos frente a un gran edificio en espiral. ¡Fantástico! Tiene mucho parecido con las cadenas genéticas que analizamos en química. En el centro se encuentra un diamante que confunde la visión: Parece emerger y al mismo tiempo parece que su movimiento es del exterior hacia su punto central. Alguien, un hombre de edad avanzada pero con la firmeza en sus movimientos y en su voz, como el que vi en un sueño, empuña la espada flamígera y habla con severidad en el rostro. Dice que la oscuridad amenaza con extenderse en uno de los sistemas solares y, de permitirse su avance, el equilibrio de los Universos corre riesgos inimaginables. Defender nuestra casa, exige el compromiso de acudir al rescate de la Tierra. Pide voluntarios, dispuestos a llevar l Luz del Amor y el Perdón a los confines del Cosmos. Todos aceptamos y nos dirigimos a un amplio salón dentro de la Casa de Diamante. Nos están explicando lo que me dijiste de Andrómeda y cómo escaparon del planeta de oscuridad. A nosotros nos entregan espadas de diferentes formas y tamaños, a otros les dan unos libros, hay quien recibe una pirámide de energía con un corazón en su interior. ¡Maestro... es el Fuego Eterno! Se abren unas puertas muy grandes y podemos ver esos hangares de un material extraño. Formados y en orden, nos despedimos de... ¡es mi familia! Una mujer hermosa, de piel blanca y cabeza ovalada, sin cabello y con ojos que reflejan serenidad y el amor. Está acompañada de dos pequeños. Siento mucha ternura. ¡Sin lugar a dudas, son mis hijos! Subimos a una gran esfera plateada. Ahora siento ese material: ¡Es orgánico! ¡Parece plasma transparente! ¡Cómo si tuviese vida propia! Un ser de alas doradas me indica en donde sentarme. Estoy junto a un hombre mayor. Me mira unos segundos y me ofrece su mano. ¡Es... es... usted, Maestro! ¡Puedo reconocerle! Me conforta al sentir que pienso en mi familia. “Nada puede pasarnos. La Verdad del Padre es más grande. Su infinito Amor nos protege. Sonría. Dedique toda su energía para alabar al Creador de los Universos”, me comenta usted en tono sereno. Aquí se pierde la noción del tiempo. Camino por un estrecho pasillo y abro la puerta de un salón que en su interior tiene camas en forma de cápsulas. Una tiene mi nombre. Creo que es mi nombre en signos raros, porque lo siento familiar. No sé por qué pero estoy seguro que está escrito el nombre de Uz. Me acomodo en una superficie blanda y se cierra el compartimiento. Ahora, salgo de ese lugar. Me indican que debo acercarme a una plataforma circular de luz blanca, debajo de unos reflectores muy grandes en donde hay seres que entran y desaparecen. Es mi turno. ¿Qué pasa? Estoy con los demás, sobre una superficie de color azul fuerte. ¿Qué? ¿Es cierto esto? En el horizonte se observa el anillo de... ¡Saturno! Las imágenes pasan muy rápido. Cambió el panorama radicalmente. Ahora estamos en una zona árida, desértica. Aparecen de la nada, unas vestimentas muy extrañas y opacas. Debemos cubrirnos. ¿Para qué? ¡Hace tanto calor! El guía nos indica que entremos a una cueva. Es muy oscura y en pendiente resbaladiza. Observo a lo lejos una luz. Nos han separado. Ya no estamos juntos. En mi grupo somos nueve con usted, Maestro. Llegamos a esa oquedad con iluminación artificial. Salimos. ¿Es una ciudad subterránea? ¡Debe de ser ya que jamás regresamos a la superficie! Escucho mucho ruido, como de turbinas. ¡Qué seres tan raros! Caminan cabizbajos y reflejan una profunda tristeza y algunos proyectan angustia. ¡Cuidado! Unos empiezan a pelear y sacan armas para herirse. Con prudencia nos alejamos. Encontramos unos hangares muy fríos y de metal negruzco en donde hay naves espaciales triangulares. Tenemos indicaciones de mezclarnos con los demás pasajeros y que no les veamos directamente a los ojos. ¿Por qué? ¡Ah! Parecen huecos y sin nada de luz. Gritan y empujan a todos los presentes. Con dificultad, podemos sentarnos en el piso por el hacinamiento prevaleciente. ¡Qué ostentosos! Caminan en forma marcial y altanera, como si estuviesen retando a todo aquel que se les pone enfrenta. Muestran con desenfado gruesas cadenas que brillan, con piedras relucientes de diferentes colores. Siento un vértigo. Me asomo por la mirilla y descubro como nos alejamos de esa desolación. Ahora lo distingo: ¡Es el planeta Marte! ¿Adónde vamos? Nos dirigimos a la luna y descendemos en el lado que no se puede ver desde la Tierra. Bajan muchos seres y empiezan a subir otros. Otra vez ese vértigo. Creo que ahora si vamos directamente al Tercer Planeta, como dicen ellos en los sistemas de sonido que lastiman los oídos. Si alguien quiere conversar en medio de este ruido, jamás entendería a su interlocutor. Llegamos a una planicie desértica en medio de unos momentos. Sigo a un hombre que me llama a señas. Empezamos a reagruparnos los nueve. Caminamos hacia un monte que está por donde sale el sol. ¡Es hermosa la aurora! Buen momento para llegar. Se parece tanto al lugar de donde partimos. Nos entregan un libro blanco con ribetes dorados. Lo guardo dentro de mi camisa y ¡desaparece! Nos separamos de tres en tres. Uno de mis compañeros me avisa que en el próximo viaje llegará mi esposa y que los niños se quedarán en casa. Deberé buscarla para reunificarnos. Me muestra una esfera de cristal en donde aparece que nuestra misión consiste en llevar la Enseñanza del Amor Divino a los hombres, para liberarlos de las cadenas del tiempo y del espacio. Ahora recuerdo, antes de que nos propusieran este viaje nos dijeron que los riesgos mayores serían la densidad del planeta que por su fuerza de gravedad, compacta la materia que sumado al virus de la amnesia, tendríamos un reto muy fuerte para dominar el cuerpo. ¿Cómo podremos hacerlo? No sé pero entiendo que se deben activar sus Centros de Energía y aligerar el Alma para reencontrarse con el Espíritu que se quedó fuera de la atmósfera de la esfera planetaria. Por esta primera vez, desde la superficie del planeta, podríamos escoger en donde encarnar y, una vez logrado, perderíamos la Conciencia del Origen. Cada uno contará con nueve oportunidades para elevar el Alma, con el respaldo de veintiún Maestros que protegerán el trabajo de los voluntarios y en el momento final, estar preparados para defender el equilibrio de los Universos, nuestra casa y nuestra familia. ¡Porque los Hijos del Padre son Libres, Libres, Libres!

-         Es tiempo de suspender el viaje. Con lo que ha visto, es suficiente, mi hermano. Detenga suavemente las imágenes. Vaya creando una esfera de cristal fuerte como el acero y transparente como el vidrio. Usted queda dentro del cuerpo esférico brillante. Suelte su cuerpo. Vea y sienta como la esfera reinicia el camino de regreso. Siente que su cuerpo empieza a normalizarse y aspira profundamente para sentir su entorno. Se está integrando poco a poco a su cuerpo y la armonía de los sentidos con el poder de recordar todo, porque abrió su entendimiento a la Memoria de los Tiempos. Aspire profundamente, contenga el aire en los pulmones y, suéltelo suavemente. Gire la cabeza hacia un lado y después al otro. Estire sus manos y piernas. Abra lentamente los ojos. ¿Cómo se siente?

-         ¡Muy bien, Maestro! ¡Es una maravilla! Esto quiere decir que los dos iniciamos al mismo tiempo el viaje. Más, ¿por qué no se han realizado las cosas? ¿Qué pasó entre nosotros? ¡Jamás nos habíamos visto! ¿Y, qué ha pasado en todo este tiempo?

-         Eso deberá irlo descubriendo por usted mismo. Ya le mostré el camino que le conducirá a desvelar el trabajo realizado en el pasado y establecer en donde estuvieron los errores que cada uno ha cometido y debemos corregir.

-         ¿Fallas? ¿No dijeron que eran nueve oportunidades? ¿Cómo saber en que fallamos cuando nada recordamos?

-         Cierto es, empero, hubo hermanos que lograron reencontrar y liberar el Alma (superando las barreras de la vanidad y los sentidos que encarcelan al Ser en la temporalidad del espacio y el tiempo), en una sola encarnación y ahora están en el servicio dl campo astral desde donde nos conducen y guían al mantenerse en contacto directo con nosotros, los representantes en la Tierra de entregar la Enseñanza. Usted y yo debimos cometer algunos errores en el pasado y que debemos analizar y reflexionar para responsabilizarnos y pedir perdón por nuestra debilidad, comprometiéndonos a no caer en la misma equivocación. Al descubrir nuestra Potestad en la regresión, reconocemos que el Padre Eterno no nos abandonó y podemos aspirar a corregir esos vicios, defectos o yerros en el presente y cumplir satisfactoriamente la misión que nos fue encomendada.

-         Maestro, y ¿por qué nos separamos tanto tiempo, al grado de no reconocernos? ¡Ahora sí siento que tengo alguna afinidad contigo! Pero aquél día, cuando llegó muy mal herido al hospital, de haber sabido quien era le hubiese brindado una mejor atención.

-         No se adjudique culpas que no debe tener mi hermano, ya que escrita estaba la forma en que deberíamos encontrarnos.

-         ¿Y qué ha pasado en los siglos anteriores? También me preocupa saber que suerte ha corrido mi esposa y cómo he de encontrarla..

-         Ya le mostré el camino para averiguarlo.

-         Suena fácil. Tú ya sabías y no tuviste mayor dificultad para encausar tus pasos. Yo en cambio, nada sabía de esto, hasta que te cruzaste en mi vida.

-         ¿Es malo lo que ha encontrado?

-         ¡No! Es todo lo contrario. Pero siento desasosiego en incumplir la misión encomendada. ¡Me falta tanto conocimiento! Y el tiempo es tan breve.

-         En los Senderos de la Luz, nada hay oculto. Mi hermano debe serenarse y ahora que sabe cual es su cometido, debe reflexionar, hacer Conciencia sobre el potencial que tiene en su derredor para exaltar las virtudes que Dios Padre le entregó como herramientas destinadas a proclamar su Palabra entre los hombres. Tiene por ejemplo, dos elementos a su favor. El primero, que se encuentra en las Legiones Masónicas en donde los Maestros Ascendidos se manifiestan para rescatar su mística al servicio del hombre. Cuando fueron agrupadas estas Legiones, la humanidad vivía un momento de oscuridad por la imposición del dogma de una minoría orgullosa de su poder efímero y terrenal. Se buscó sembrar en al Hombre, la duda, pero no el concepto que algunos han manipulado para ocultar sus ambiciones de poder, fama y prestigio que no encuentran en la vida cotidiana. Se diseñó ese mecanismo, la duda, para forzar la reconfiguración del Consciente. ¡Qué el hombre se despojara de la sotana que le cegaba y esclavizaba en la ignorancia del fanatismo! Usted encontró la razón de ser de la masonería al investigar sobre el Ara y forzar el razonamiento personal y colectivo que conduce a la Verdad Absoluta, cuando observa qué es el Ara abierta la que comunica a los hombre con el Poder Divino y que es allí en donde realizan sus votos y juramentos de combatir a la oscuridad, a la hipocresía, a la ambición y se comprometen a enseñar al ignorante y defender al indefenso. Es allí en donde se comprometen a levantar templos a las virtudes y cavar hoyos sin fondo a los vicios. Esas virtudes que se encuentran en cada uno de los hombres dotados con la Fuerza de la Voluntad para regir su Libre Albedrío hacia el bien y al servicio de la humanidad. En donde el martillo y el cincel que usan, no son físicos y materiales, sino que se encuentran en la Mente para gobernar el cuerpo, el consciente, el subconsciente y el inconsciente. ¿Y ese poder en donde se encuentra? ¡En la Templanza, mi hermano! Esa energía de la columna del Norte para equilibrar e dominar las pasiones que arrinconan al ser humano en los vicios. Vicio no es solamente el beber o fumar, vicio es también la vanidad de los ególatras, la envidia de los frustrados, el resentimiento de los insatisfechos consigo mismos, la hipocresías de los fementidos. Vicio, mi hermano, es el abuso del poder para someter a los demás, en cualesquiera de sus formas y mecanismos. Se quejan y se duelen de la conducción política y económica. Hay razón pero, ¿cómo se comporta el esposo con la esposa y con los hijos? No miran la viga en el ojo propio. ¡Mi hermano, se usa el sexo para humillar y someter a la pareja! Cuando fueron hechos desde el Principio de los Tiempos, el uno para el otro, sin falsos conceptos de privilegios de uno sobre el otro. Vicio es también, el negarse a ver el interior para descubrir la causa verdadera de la insatisfacción y al asumir la responsabilidad, cambiar para mejorar nuestro comportamiento diario y convivir en armonía con los demás hijos de Dios. Esos Principios son los que usted juró ante el Ara Encendida y que representa su corazón, la residencia del Alma. Puede, entonces, encontrar mi hermano que en las Legiones Masónicas existe el inmenso caudal de Conocimiento que se transmite bajo el principio simbólico, pero que debe transformarse en la acción diaria. Esa simbología muestra los caminos ocultos del hombre. Son ocultos porque están en su interior y no el exterior. Cuando se trabaja en el Templo cerrado, es una forma de mostrar que el hombre debe ir hacia su interior para reencontrar la Palabra Sagrada que le fue dada junto con el Poder del Origen. Y una parte de su cometido, se encuentra allí, precisamente en ese recinto, para que se sume a los hermanos que al proponer rescatar los valores ancestrales de la Orden, enfrenta a la oscuridad enmascarada en las falsas promesas de los Grados Filosóficos y que utilizan la mentira para aparentar dudoso conocimiento para ofertarlo al mejor postor. Afortunadamente, no son todos y las Legiones Masónicas despertarán para asumir su compromiso con valor y sin el menor temor, sin duda y con profunda dignidad, honestidad y lealtad como lo que son; verdaderos Hijos de Dios. Escrito está que la Luz brillará en la batalla final. Mi hermano, también tiene usted la virtud de la sanación tanto en sus manos como por los reconocimientos académicos. Dos tesoros que le condujeron a la Gran Hermandad Universal, más no la que usufructúan en la Tierra las diferentes denominaciones y con fines de lucro inmediato. La Gran Hermandad Universal está integrada por el Consejo de Ancianos de los Universos, los Maestros Ascendidos, los Guardianes de la Obra del Padre y, tantos más, que sería largo enumerarlos. ¡Al frente está el Gran Arquitecto del Universo! Y que rige los trabajos de todos los seres, visibles e invisibles.

-         ¿Quiere decir esto que no fue más fácil para ti?

-         No, mi hermano. Para ninguno ha sido fácil despojarse del daño genético y la formación formal que recibimos en los primeros años de la vida y después, la actividad social que ha perdido sus valores al instalarse la falsa comodidad tecnológica, sin percatarse de que caen más profundo en su esclavización individual sin posibilidad de liberarse al cancelar el esfuerzo personal parta activar el razonamiento y reconocer la grandeza de la Creación en la Naturaleza, en donde se encuentran los Hermanos Elementales dispuestos a brindarnos su ayuda con igualdad y respeto, para despertar nuestros Centros Internos de Energía.

-         ¿Cómo lo descubriste, entonces?

-         Con Amor, mi hermano. Con mucho Amor.

-         Hasta el momento no he conocido a una mujer para sentir ese amor.

-         ¡Tiempo habrá para que se reencuentre con su pareja que está encarnada en este tiempo y tan cerca de usted! Más no es ese amor que se conoce en el mundo comercial y que fomentó la entrega condicionada a cambio de recibir algo para uno. ¡No, mi hermano! Es el Amor al Padre. Cuando se adquiere la Conciencia Primaria, se acepta uno como Hijo del Creador de los Universos y reconoce uno la Potestad que nos legó: El Amor y el Perdón. Amor para revalorarnos y perdón para corregir nuestros errores. Mire, yo nací en Isla del Carmen, Campeche. Y cuando llegué al Distrito Federal para estudiar la vocacional, también tenía esos sueños vanidosos de encontrar la gloria y la fama para tener ingresos suficientes y necesarios, según creía yo en ese momento, para lograr la satisfacción de las comodidades, que me di cuenta después, son impuestas por la sociedad para demostrar que se alcanzó el éxito con la falsa gratificación de la bebida y las mujeres. Desde la vocacional, las muchachas me seguían mucho, no tanto por mi físico sino por mi carácter desparpajado y abierto sin soslayar que les ayudaba en sus estudios y tareas para que elevaran sus calificaciones. Tenía varios pretextos: Desde mi temperamento por ser originario de costa y por lo tanto muy ardiente, hasta el justo pago por mis servicios y que, posteriormente, fue muy doloroso reconocer que incurría en la prostitución. Al empezar a trabajar me dejé envolver por las tentaciones de la soberbia y el egocentrismo que canalicé en muchas ocasiones en la intolerancia y el autoritarismo con los demás trabajadores y con las mujeres. ¡Un espejismo tan vergonzoso! El poder, mi hermano, es una trampa tan sutil como veleidosa. Nos hace sentir como si fuésemos Dioses cuando en realidad somos esclavos fieles y obedientes de las pasiones que encadenan el Alma en l insatisfacción de la soledad. No me mire así, mi hermano. Es cierto todo lo que le cuento. Se incuba un delirio de grandeza para ocultar la verdadera pequeñez de falsos egos que obnubilan nuestro pensamiento. ¡Beber más allá de la resistencia física! ¡Buscar una mujer tras otra! Eso, mi hermano, es la debilidad para enfrentar la realidad de soledad y hastío que vamos formando en nuestro alrededor. Se empieza a perder el sentido de la vida y resignados, sin la menor resistencia, nos volvemos autómatas. Afortunadamente, un compañero de la Escuela Superior, no se dio por vencido y logró que me interesara por ingresar a la Gran Logia Valle de México. En honor a la verdad, lo hice más por compromiso que por convicción. Sentía la obligación de complacer a los que habían sido colaboradores del General Lázaro Cárdenas, porque me habían concedido una beca para estudiar después de la secundaria, cuando fue Presidente. Sabía que fungió como Muy Respetable Gran Maestro y creía que al ingresar en mil novecientos cuarenta y cuatro, en cierta medida pagaba el favor recibido diez años antes. Al mismo tiempo que mis Maestros llegaban al límite de su tolerancia, siempre tuvieron para mi, el amor fraternal para conducirme por los secretos de los augustos misterios que solamente se transmiten de boca-oído. Un aprendizaje lento, por causa del profundo escepticismo que me caracterizaba. En la fraternidad encontré mucha comprensión y apoyo. Puedo decirle que gracias a los hermanos, pude asistir al Instituto Pasteur para estudiar la Maestría sobre Microbiología. Y posteriormente me doctoré en la Universidad Complutense. ¡Descubrí un mundo fascinante al comprobar el inmenso Poder del Padre Creador! Sin embargo, creo que lo más importante de mi estancia en París, fue el contacto que tuve con La Gran Logia Nacional de Francia y con el Gran Oriente, y con los Hermanos españoles, ya que descubrí la importancia de la masonería en la evolución de la especie humana. Pude compenetrar en la vida del hermano británico Tomás Moro cuyo contacto con sus Maestros Astrales se reflejó en su novela Utopía o lo que debiera ser el destino de la humanidad, y en ese tiempo, destacaba nuestro cofrade alemán Alberto Einstein, por su descubrimiento atómico y la teoría de la relatividad que, si lo analiza bien, su punto de partida puede encontrarse en la simbología de los Talleres, principalmente del Ara. La lista es muy grande y conforta saber de su existencia porque representan un haz luminoso en medio de la oscuridad que conjura contra la Libertad de todos los seres vivos. Hombres que trabajan discretamente al servicio de los Hijos del Padre y que trascienden pese a los pequeños oportunistas que han logrado enquistarse en la Orden. Con esos antecedentes, no fue extraño que me interesara en las declaraciones del piloto estadounidense Kennet Arnold, que sostuvo contra las versiones oficiales, su contacto visual con un objeto volador no identificado en julio de mil novecientos cuarenta y siete en Roswell, Nuevo México. Me fascinó Carl Sagan quien insistió con valentía, en las tesis científicas de la vida extraterrestre sin frustrarse porque oficialmente se niega sistemáticamente por los intereses económicos y políticos de los beneficiarios de esos seres que les han facilitado su tecnología como una muestra de buena voluntad, cuando en realidad, lo que buscan esos Ángeles Caídos, es el sometimiento de la Tierra y de todos los Universos. Fíjese mi hermano, a principios del siglo dieciocho se descubre el pararrayos y tiene que pasar cerca de un siglo para encontrarse con la energía eléctrica que, en cincuenta años, tan solo en medio siglo alcanza niveles insospechados en la cultura de la muerte. Un salto cuántico de estas proporciones puede explicarse únicamente con la ayuda extraterrestre y que está escrito en los Libros Secretos de su arribo y forma de presentación de unos seres destructivos que se alimentan de la angustia, el temor, el rencor y la venganza, energías generadas por el sufrimiento del hombre y que son desviadas de la atención pública por los sofisticados sistemas de comunicación masiva. Regresando al tema: Algunos de mis conocidos en el mundo científico y los miembros de la Fraternidad, me invitaron a participar en un círculo de estudios metafísicos multidisciplinarios que se reunían herméticamente en el Cerro del Tepozteco, así como en las inmediaciones de la Pirámide de Gizeh en Egipto y otros lados. En estas sesiones conocí a Daniela, una joven catedrática universitaria que se contactaba con los Maestros Ascendidos para entregar la Enseñanza Iniciática. Desde que la conocí en mil novecientos sesenta, sentí una fuerte atracción que, sabía, era correspondida. En unos cuantos meses, nos casamos por el civil y por la iglesia. Insatisfechos por las formalidades sociales, solicité a la Logia que nos unieran. Con sorpresa vimos que en esa ceremonia nos consagró el Maestro Ouacinaua que había encarnado en el Rey Arturo y en Atahualpa en Perú, y quien trabaja sin descanso desde que llegamos a la Tierra. Fue entonces cuando supe que había reencontrado a la esposa que recibí con profundo amor en el Principio de los Tiempos. Con la unión, se manifestó en su esplendor, la Palabra Divina y decidimos aplicarnos al desarrollo espiritual y cumplir con nuestra misión de difundir la Enseñanza y sembrar la Simiente que florecerá en la identificación de los ciento cuarenta y cuatro mil sellados de las Doce Tribus del Pueblo de Dios, que enfrentarán la Batalla Final y retrogradarán a la oscuridad y su ambición de globalización.

-         ¿Y tu esposa, Maestro, dónde está?

-         Cumplió su labor y partió para esperarme, como está escrito.

-         No entiendo lo que me dices. Se supone que cuando alguien pierde a un ser querido, lo expresa con nostalgia, por lo menos.

-         ¿Por qué he de sentir tristeza? Mi corazón se llena de gozo. ¿La razón? Mire, mi amada esposa Daniela, como se llamó en este plano tridimensional, conoció de mis desvíos en las vidas anteriores, que retrasaban mi regreso a casa y pidió venir a la Tierra para auxiliarme en la última oportunidad que tenía, ya que de lo contrario, tendría que esperar hasta el día en que se realizará el rescate de todos los Hijos de la Luz que se encuentren aquí en ese momento. Dadniele, su Espíritu, es muy fuerte y logró mantener el contacto para ayudarle en la aplicación de la Enseñanza para liberar el Alma, buscarme, orientarme en el esfuerzo rígido para alcanzar la Iniciación y cumpla así, la encomienda recibida. Ella es uno de los hermanos que solamente encarnaron una vez en el planeta. Una vez que concluyó su labor, regresó a su Espíritu de Luz en la armonía del Cosmos. Por eso, mi corazón se llena de gozo. Si pensara que la única verdad es lo efímero del cuerpo, estaría dudando de la Grandeza del Creador de los Universos y minimizaría la Potestad Divina de los hombres. Por ello, es muy importante la Conciencia Primaria, el reconocimiento del interior con su diamante luminoso por la energía conjugada de los cuatro Hermanos Elementales en un organismo digno de hospedar el Alma y que debemos cuidar como un Templo. ¿Se acuerda del trabajo que hizo sobre el Templo de Salomón? Ubíquelo bien y descubrirá que es su cuerpo cuyo interior alberga el Ara o Arca de la Alianza, y si recuerda cuando viajamos al Templo de Luz de los Esenios, sabrá mi hermano, qué es el Adam Kardmón que con tanto afán buscan los oscuros y sus servidores. Piensan que pueden repetirlo en experimentos de laboratorio, con la ambición de preservarse como Dioses falsos de los hombres. La grandeza del Espíritu y del Alma, es el legado irrepetible del Padre Eterno, sin importar cuanto dinero inviertan en el Proyecto Genoma Humano de varios países asociados. Existe una posibilidad lejana: Que los renegados Hijos del Padre encuentren el Arca de la Alianza que se escondió después de que destruyeron el primer Templo de Jerusalén, porque la otra posibilidad, que descubran los Libros Secretos ocultos en la Gran Pirámide de Egipto, de nada podrán servirles, si consideramos que no han sido capaces de descifrar el lenguaje de los Mayas.

La explicación del Iniciado se interrumpe por los fuertes golpes en la puerta. Miguel se sorprende ya que no espera a nadie y duda en responder por lo avanzado de la noche. La insistencia, empero, hace pensar al estudiante que puede tratarse de una emergencia familiar y le pide a su invitado que espere un momento. Abre la puerta y se extraña al ver al agente del ministerio público del hospital que despide un fétido olor alcohólico y tiene los ojos enrojecidos.

-         ¿Qué desea? ¡Es muy tarde para hacer visitas sociales y mucho menos oficiales! Además, estoy muy ocupado para poder atenderle. Debo levantarme muy temprano para cumplir mis actividades de la escuela y del trabajo.

-         Buenas noches, doctor. Me preguntaba si acaso, solamente si acaso, mi amigo y compañero de labores, ya me tiene alguna noticia del hombre misterioso que desapareció aquella madrugada.

-         No sé nada aun. ¡Recuerde que yo no me comprometí para ayudarle!

-         No es cuestión de sentimientos personales. Creo que me he portado buena onda con usted. Y se lo pedí como amigo. Pero le voy a decir la verdad: Ese hombre es sumamente peligroso. ¡Imagínese! ¡Pusieron a todo un grupo especial del Encargado de la Política Interna para buscarlo! Y yo quiero ayudarlo porque me cae muy bien. ¿Sabe? El tener el mínimo contacto con ese sujeto, puede ser un delito de complicidad y, la verdad, no quiero que se meta en problemas innecesarios. ¡En buena onda! ¡Quiero ayudarlo! ¿Dígame: Ya sabe en donde encontrarlo?

-         Desconozco el lugar en donde se encuentre.

-         No se haga. Según los informes de inteligencia, usted lo ha buscado en diferentes partes. Y con el milagrito ese de su ascenso, pues yo si creo que ya lo encontró y no quiere decírmelo. Pero está bien. No hay problema. Sabré esperar para que me convide de sus beneficios. ¡Cuídese doctor!

El hombre se aleja trastabillando por su estado de ebriedad y Miguel no sabe que hacer en ese momento. Sugiere:

-         Maestro, ¿por qué mejor no se queda esta noche? Puede ser riesgoso que salga a la calle. Ya escuchó que le están buscando.

-         No tiene de que preocuparse, mi hermano. Todo tiene su tiempo y su forma. Nada se encuentra al margen de la Voluntad de Dios mi Padre Bendito. Considero prudente que descanse y me marcho en este momento por si desea regresar ese funcionario con la intención de ingresar a sus aposentos.

Se despide del joven Armenta quien le sigue con la mirada por la ventana. Descubre dos autos patrulla estacionados frente a la puerta del edificio y, por lo menos, cuatro agentes de civil, dispuestos para un operativo. El Maestro pasa en medio de ellos, sin que le digan nada, lo que tranquiliza al estudiante. Piensa antes de disponerse a dormir:

-         ¡Qué suerte! No lo vieron pasar.

 

 

Capítulo X

Las Fuerzas Ocultas del Hombre

Capítulo XII

Las Claves del Iniciado

 

 

 Adam Kardmón, la conspiración del fin del fin del mundo Ó.

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