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Mario Luis Altuzar Suárez: Director General

Ana Rosa García Cruz: Gerente

Omar Flores: Coordinador Editorial

 

Novela

Capítulo I

La Manifestación

Capítulo II

El Elegido

Capítulo III

El Secreto de  la Abuela

Capítulo IV

El Adepto de la Oscuridad

Capítulo V

El Viajero Dimensional

Capítulo VI

Los Misterios

de Karla

Capítulo VII

Contacto en el Equinoccio

Capítulo VIII

La Encrucijada

de Martiniano

Capítulo IX

La Revelación

Capítulo X

Las Fuerzas Ocultas del Hombre

Capítulo XI

El Mandato Divino

Capítulo XII

Las Claves del Iniciado

Capítulo XIII

La Renovación

El Autor

 

Ensayo

De cómo se desvío el Destino de México.

Poesía:

La Hora de los Muertos.

Homenaje a Hiroshima.

Cuento;

El Signo de los Tiempos.

Premio UNESCO de Literatura 93.

Metafísico:

Guía del Despertar del Espíritu.

Esotérico:

Tomo I

Del Archivo de Merlín.

Adam Kardmón

La Conspiración del Fin del Mundo

Por Mario Luis Altuzar Suárez

 

Capítulo XII

 

Las Claves del Iniciado

 

-         Buenas noches, Maestro, sea bienvenido a su casa. –Recibe Miguel al Iniciado en la puerta de su departamento. Observa que los policías se encuentran en la escalera sin mostrar indicios de que tengan noción de lo que sucede en su entorno. Y pregunta:

-         ¿No lo vieron llegar?

-         No tiene de que preocuparse, mi hermano. Toda la semana han estado allí. Esos hombres han permanecido en sus puestos y tiempo habrá para que cumplan su cometido.

-         ¿Cuál es? ¡Te buscan a ti!

-         Escrita está la hora de mi partida. ¡No tiene de que alarmarse! Recuerde que la muerte no existe. Es la muerte la que sostiene a la vida. Y lo que para los nulos de entendimiento es el final, para los Hijos del Padre es un momento de gozo al transitar hacia la Quinta Esencia cuando esté dispuesto, ni antes ni después, ni por propia mano ni por mano ajena. Cierre la puerta, mi hermano, y pasemos a tomar plaza que esta noche es muy importante para todos.

Pasan a la sala en donde el estudiante ha dispuesto una base de madera pintada de color morado y con una estrella de seis picos. Hay tres candeleros dorados: Uno al Oriente con una vela amarilla, otro al Norte con una candela verde y el tercero al Sur con una bujía morada. Al centro del triángulo está la Biblia sobre una espada flamígera. Se visten con una túnica blanca, ceñida con listón dorado, una faja púrpura debajo de la tela negra visible. Toman asiento sobre unos cojines de terciopelo rojo, con las piernas cruzadas y las palmas de las manos hacia arriba por encima de las rodillas, con los dedos índices y pulgares formando un círculo. Respiran tres veces invocando la Divina Presencia de Dios en todos y cada uno de los presentes. El Iniciado toma la palabra:

-         Mi hermano, vamos a respirar lenta y profundamente. Es nuestro deseo que el aire salga y entre por la corona. Poco a poco aceleramos la respiración para levantar la energía hacia el Cosmos y buscar al Espíritu.

Transcurren unos momentos y dice:

-         Ahora, mi hermano, esa energía la dejamos precipitar para que nos llene de Luz y fortalezca nuestros cuerpo. Sienta ese calor que nos otorga la energía purificada. ¡Cómo nos brinda armonía y la tranquilidad! Es la paz del contacto Divino que nos protege y nada puede suceder. Ahora, mi hermano, con la Luz de la Verdad, tome su Espada de Fe y Amor y sígame:

Miguel se desdobla y se observa vestido con ropajes de seda y mallas de plata. Siente en su pecho algo extraño. Mete la mano y mira el libro blanco de ribetes dorados que le entregaron en aquella planicie desértica. Tiene la intención de abrirlo pero el Maestro indica:

-         Tiempo habrá para ello, mi hermano. Guárdelo muy bien y avancemos que los demás hermanos ya nos esperan.

El adepto cumple la petición y voltea la mirada para descubrir que muchos seres vestidos igual que él, se encuentran dispuestos en campamentos y con atención siguen a los instructores. Se presentan ante un grupo que irradian amor y serenidad. Sobre una mesa se encuentran los planos de lo que bien podría ser un satélite y escucha al Comandante:

-         Hermanos, ¡los Hijos del Padre son libres! Sin embargo, en este artefacto de la tecnología oscura, se diseñó un mecanismo para atrapar la esencia de los hombres. Miren bien; de la parte superior, en donde hay una media esfera, se proyecta la imagen de una pirámide dorada. Sirve para que los hermanos que están en meditación, sientan que alcanzaron a tocar la Energía Divina. ¿Y qué es lo que pasa? Cuando la esencia se encuentra allí, el artefacto gira rápidamente y emite una luz blanquecina que lo atrapa, lo conduce a un centro para encapsular esa energía. Posteriormente, la canalizan hacia un laboratorio en donde la someten a la reconfiguración de sus pensamientos y físicamente, el hermano resiente un cambio en su estado de ánimo y deforma sus proyectos y objetivos. No pueden liberarse porque la energía alterada, se envía a la tierra, en una base subterránea cerca de Portugal en donde existen cámaras refrigerantes para aplicarles los principios de invernadero. Nuestra misión consiste en penetrar esos sistemas y destruirlos, pero antes, debemos liberar a los hermanos que han sido atrapados. ¡Deben cuidar que el resentimiento y la ira no se apoderen de ustedes! No vamos a destruir a los Hijos del Padre, así se encuentren en el bando equivocado. ¡En nosotros está el Amor y el Perdón! Solamente defendemos nuestro espacio y la Potestad que el Padre nos ha dado.

El Maestro se dirige a otro campamento en donde se fusiona en un abrazo con una mujer muy bella que le unge con una pirámide transparente con luz azul y en el centro se encuentra un corazón radiante. Se despide y se integra a su grupo en donde los hermanos levantan sus espadas flamígeras y forman una bóveda al tiempo de confirmar:

-         ¡Uno para todos y todos para Uno! ¡Cómo lo dispuso el Padre Creador de los Universos en el Principio de los Tiempos!

En la plataforma espacial, en medio del negro espeso, se mueven presuroso, seres hermosos de cabellos dorados pero, con las cuencas visuales sin ojos y con gestos endurecidos que generan odio y rencor. Están apoyados por gárgolas, osos y simios que se confunden con entidades demoníacas dispuestas en la estrategia defensiva del artefacto militar dotado de armas láser.

Aprovechando que los Ejércitos del Padre están organizando la formación, Miguel se acerca a su Maestro y pregunta:

-         ¿Ella es Dadniele?

-         ¡Sí, mi hermano! ¿Ahora entiende por qué razón no albergo tristeza alguna en mi corazón?

-         ¿Y mi esposa?

-         Cerca se encuentra el tiempo para que se identifiquen y al unir sus cuerpos, fisionen sus espíritus en una esfera de amor que les hará indestructibles.

-         Maestro: ¡Es imponente ese satélite! Es difícil de creer que esté dispuesto para sembrar lo negativo.

-         No dude, mi hermano. Son armas sofisticadas, construidas con el iluso afán de evitar el Proyecto de Rescate de la Obra Divina.

-         ¿Para eso los construyeron?

-         Esa es su finalidad. ¿De que podrían defenderse los hombres en el espacio? Un arsenal inmenso ¿qué objetivo persigue? ¡Mi hermano! Ellos piensan que llegaremos en la forma en que ellos lo hicieron: Transportados en naves de la misma constitución que las suyas, tan endebles. Nuestras naves, ¿las recuerda? Son esferas de energía, en donde todos y cada uno de los hermanos, aportan parte de sí mismos. Cuando las conozcan en la tierra, pensarán que son materiales orgánicos por la densidad que adquiere la materia en este plano. Ya es hora. ¡Vayamos a defender los Augustos Misterios del Universo! El Comandante Alfa está a punto de dar la orden de avanzar.

-         ¿Quién es el Ser tan alto con cabellera de león?

-         Es el Supremo Comandante de los Ejércitos del Padre.

-         ¿Por qué me parece reconocerle?

-         Usted lo identifica como Joshua, el Primogénito del Padre.

Se escucha el sonido grave de un cornetín que interrumpe la conversación. Miguel observa la belleza del querubín con su instrumento de oro. Sus pensamientos se cortan por el fragor de la batalla y alcanza a oír cánticos no muy lejanos. Son como alabanzas en tonalidades sacras que envuelven a sus compañeros con una luz azul-verdosa. De las frentes y manos de sus hermanos, salen rayos de luz con brillantes colores dorados, plateados, morados, rojos y amarillos que alcanzan con precisión los objetivos, desmadejando las presencias defensivas del satélite. Una gárgola se agiganta y sorprende por la espalda a la esencia de Armenta. Su Maestro acude en su auxilio y le indica como concentrar la fuerza del pensamiento en los centros energéticos para defenderse del ataque. Poco a poco, los soldados de la Luz ganan terreno y se acercan a la plataforma de metal negro.

El novel recluta se maravilla de las lámparas que empiezan a moverse y le hacen tambalear. Llama a su Maestro cuando descubre que es un robot con la forma de escorpión. Se trenzan en feroz duelo y lo desactiva al cortar unos cables de la cabeza de la máquina. Ingresa por un túnel en penumbra con la sensación de pisar un manglar y que se le pega una especia de culebras con ventosas. Con su espada dirigida a los píes, se abre paso. Se percata de que llega a un lugar debajo de un círculo con barrotes. Sube y al asomarse descubre hombres y mujeres con batas blancas que corren de un lado para otro, recogiendo papeles e instrumentos químicos y físicos, y con desesperación se dirigen a otro recinto.

La voz interna del observador le dice que puede hacerse invisible para poder acercarse sin mayores riesgos. Cierra sus ojos para invocar la Presencia Divina y darle forma a su pensamiento del deseo profundo de la invisibilidad. Traspasa la barrera sin que le afecten unas luces rojas y sigue a los que huyen. Mira que suben a una nave triangular y abandonan la zona. Se acerca a la escotilla en donde se refleja la imagen de una fila de triángulos que se dirigen a la Luna. Piensa que lo mejor es desactivar las máquinas que tiene enfrente.

Concluida su labor, sale a la superficie del artefacto y encuentra que varios de sus compañeros son atendidos de sus heridas. Es cuando se percata de que tiene una herida en el vientre y es conducido a un campamento en donde recibe atención de doncellas que le hacen recordar la figura amorosa que le despidió en su partida que vio en su regresión.

Sale de los aposentos y toma su lugar en la formación. Habla el Comandante:

-         En el nombre del Padre Bendito, yo los saludo! ¡Kodoooooooiiiiiisss! La batalla ha concluido. Tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres. Y tienen por rey al ángel del abismo. En esta ocasión logramos vencerles y anular sus sistemas electromagnéticos que obstaculizaban que se abriese la puerta dimensional por donde llegarán los Hijos de la Luz para rescatar a la Obra del Padre e impedir que sea el fin de la tierra y de los hombres que buscan su redención en el despertar del Adam Kardmón. ¡El camino está abierto! Demos gracias al Padre Creador de los Universos, por su protección y la manifestación de su Fuerza Divina. Podemos retornar a nuestros puntos geométricos para proseguir nuestras actividades. Id en paz, venerables hermanos. Que la Luz del Padre sea una Fuerza de Bendición en el corazón de mis hermanos. Alfa estuvo con ustedes.

Miguel imita a su Maestro al despedirse de los demás convocados: Los puños se contraponen a los del hermano, se abren y se juntan las palmas de las manos, la derecha con la izquierda y viceversa, para formar un círculo del corazón a la cabeza y regresar al plexo soplar para dejar los brazos en cruz al momento de hacer una reverencia. Los dignatarios se dirigen a una esfera plateada que, por su tamaño, debe albergar a cerca del millón de seres dispuestos a defender, aquí, en la Tierra, los Secretos de la Casa de Orión, en donde los Guardianes del Universo protegen el Principio de la Vida Universal: El Amor Divino.

Al regresar a la habitación, las esencias ingresan a los cuerpos por el Cordón de Plata. Acomodan primero la parte inferior hasta que ocupan toda la geometría corporal. Respiran profundamente y giran la cabeza lentamente. Siente su entorno y su físico para estirar piernas y brazos y exhalar con fuerza. Abren los ojos para reconocer el espacio vital de su anatomía. Con gesto de satisfacción, los dos hombres se miran con profundo respeto y guardan silencio unos minutos, en el caso del estudiante, para asimilar la experiencia astral que parece de fantasía.

-         ¡Desde nuestra visión tridimensional, todo parece tan irreal! De haberlo vivido creería que se trata de la Guerra de las Galaxias, --comenta.

-         Y sin embargo, es cierto, mi hermano. No hay razón para dudar de lo que sabemos. Es real y verdadero. Lo que logramos en esta noche, fue abrir un camino en medio de la red invisible electromagnética que como telaraña, cubre la tierra, con el único fin de impedir que los Soldados de la Luz lleguen al planeta y cumplan la promesa de liberación. En pocas horas, cuando salgan los periódicos, encontrará algunas notas informativas que hablarán de una lluvia de estrellas por el Norte, cerca de la Osa Mayor, sin profundizar la explicación de los científicos. Usted, al igual que muchos hermanos en todo el mundo, sabrán de lo que se habla y se impone el silencio que en realidad, oculta los miedos de los círculos concéntricos del poder reflejado en posesiones y riquezas efímeras, no solamente quedará en hipótesis del fenómeno de invernadero, ya que el ataque sistemático a la capa de ozono que protege a la vida de los rayos ultravioleta, gamma e infrarrojos del sol, así como la deforestación acelerada, es el sonido del primer ángel en la forma de contaminación industrial del medio ambiente y que mostrará sus signos apocalípticos. Mi hermano debe procurar no comer ninguna especie de mariscos, ya que los experimentos nucleares y los depósitos de basura atómica, así como los desechos tóxicos y petroleros, como si fuese una gran montaña ardiendo que se precipitó al mar, afectó la vida marina y sus productos representan un alto riesgo para la salud. Vea mi hermano, que se ha quitado la paz sobre la faz de la tierra y se matan unos a otros sin percatarse de que la Muerte seguida por el Hades avanza en adjudicarse la potestad sobre la cuarta parte del planeta para matar con espada y hambre. Como si fuese un caballo negro, la avaricia acapara los alimentos para enriquecerse y satisfacer su apetito de poder con el hambre de los hombres, cubiertos con la máscara de la blasfemia de los que dicen ser hijos de Dios y no lo son, sino sinagoga de Satanás. Es tiempo, mi hermano, para que llegue la Gran Ramera, montada en la bestia de siete cabezas y diez cuernos, sedienta de la sangre de los mártires y será sentada en muchas aguas patrimoniales con un solo origen: El mercantilismo deshumanizado, porque escrito está que adorarán al dragón que dio autoridad a la bestia, sin importar la inconformidad de los gobernados. Mi hermano, debe fortalecer su espíritu y con la serenidad de la templanza, con el calor del Padre Bendito en su corazón, descifre el signo de los tiempos que están por manifestarse en el entorno de un Rey que despojado será de su corona, obligado a abandonar sus tierras.

Cierra los ojos y aspira con profundidad. Queda en silencio y su rostro se ilumina con una luz amarilla muy intensa. Su voz adquiere un tono cristalino:

-         Cierto es que la hora anunciada, está presente.

Miguel escucha con veneración al Iniciado. La última frase le desconcierta y pregunta:

-         ¿Cuál hora? ¿La del Apocalipsis?

-         El final de los tiempos, mi hermano, no será de generación espontánea. Con lentitud pero con firmeza, es el hombre el que construye el sendero de sufrimiento. Marca a los hombres para todo, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, que ninguno pueda comprar ni vender si carecen del signo de la bestia. Más, los hijos de la Luz nada deben temer. Traspasarán la segunda muerte para alcanzar la vida eterna. Mi hermano, yo pronto partiré.

-         ¿Está cansado, Maestro?

-         Escúcheme bien. En este tiempo le entregué los Principios de la Enseñanza que usted deberá aplicar en su vida diaria. Deberá concluir la obra para unificar la defensa de los Misterios del Universo.

-         ¿Yo, Maestro? ¿Cómo hacerlo, si ni directorios tengo de los demás hermanos?

-         El Espíritu no necesita de apuntes o libretas, cuando todo está escrito por el Dedo de Dios Eterno. ¡El Padre Creador es el único que puede conducirle a donde debe estar en la hora precisa! Ponga atención a su Espíritu. Escuche la voz de su interior. La responsabilidad es grande pero inmensa la recompensa. ¿Recuerda? En la Logia se dice que los obreros se retiran contentos y satisfechos con sus salarios. ¡Gane el suyo, en el Amor al Padre y a sus hermanos! No le juzgue ni reproche sus debilidades y temores. Use el Poder de la Columna del Sur para despojar del velo de la ignorancia. ¡Amor y Perdón! ¡Ciencia y Virtud! Nunca lo olvide mi hermano.

Unos fuertes golpes en la puerta anteceden al sonido de carreras, golpes y amartillamiento de armas. Miguel siente que el corazón se le encoge. Presiente que viene por su Maestro y sus ojos reflejan el desasosiego. Con profunda ternura, el Iniciado le reconforta:

-         Los Soldados de la Luz no pueden tener miedo al poder temporal y vanidad superficial de los servidores de la oscuridad. La Palabra Sagrada debe portarse con dignidad. La Fidelidad al Mandato Divino ilumina al Espíritu en la grandeza del deber cumplido. ¡Abra la puerta, mi hermano!

-         ¿Por qué no te haces invisible y te salvas?

-         Apegarse a este mundo ciega los ojos del alma. No tiene de que preocuparse, mi hermano. Le dije que la hora está próxima y es mi libre y espontánea voluntad, cumplirla. Es el momento en que usted inicie el cumplimiento de la obra.

Miguel, con cierto nerviosismo, abre la puerta y encara al agente del ministerio público:

-         ¿Qué desea ahora?

-         Para ayudarle, me permití una orden de cateo y vamos a cumplir el mandato del juez para hacer respetar la Ley. Es mejor para todos que no ponga resistencia alguna. Usted me cae muy bien y hablé de usted con mis jefes. No complique las cosas.

Lo hace a un lado y con diez agentes con armas de alto poder, irrumpe en el departamento. Se congela su risa irónica ante el magnetismo del Maestro que de pie, con los brazos abiertos les recibe con una amplia sonrisa y voz dulce que penetra los tímpanos de la sinrazón:

-         Sean bienvenidos , mis hermanos. Aunque creo que llegan un poco retrasados. Pero todo está dispuesto para mi partida.

Nadie es capaz de tocarle. Solamente le escoltan y abren la puerta de la patrulla. Antes de subir, el Iniciado voltea a la ventana para ver a Miguel y alza la mano derecha con los dedos índice y cordial extendidos que eleva al cielo y suavemente baja el brazo a la cintura y subirlo para cruzar del lado izquierdo al derecho del pecho. A bordo del automóvil, antes de iniciar la marcha, le dice al agente que ocupa un lugar a su derecha:

-         Aquí están mis manos. Cumpla sus órdenes. Nada podrá lastimarme si me esposa.

Y al de su lado izquierdo le indica:

-         Puede vendarme los ojos, como se lo mandaron. La ceguera más dolorosa, mi hermano, no es la carencia visual, sino la frialdad del corazón para recibir el Rayo del Amor. Deben estar alegres. Escrito está que recibirán muchos regalos de aquellos atormentados por el temor de que la Palabra germine como los trigales, en todo el mundo.

Guarda silencio todo el trayecto que consume cerca de treinta minutos. Le piden que ingrese a una habitación en donde le ofrecen una silla que se encuentra al centro, para sentarse debajo de un reflector amarillo que colocan arriba de su cabeza. Todo el espacio está en penumbra con el sonido de los pasos cansados. Después de unos instantes, escucha gritos y voces sumisas. Se abre la puerta y aparece el agente especial del Encargado de la Política Interna, con risas huecas que despiden el intenso olor alcohólico.

-         ¡Aquí estás, hijo de la chingada! ¡Nos volvemos a encontrar! ¿Creíste que podrías escapar? ¡No sabes quien soy yo? ¡Soy el más chingón de todos! Y aquella vez te me pelaste, no sé bien por qué artes diabólicas. Pero ahora sí, ¡ya te fregué! Y lo mejor de todo, es que además de enseñarte a ser hombre y desquitarme de tus joterías, seguramente me darán un ascenso. ¡Bien ganado me lo tengo!

Saca de la bolsa del saco, una botella de aguardiente y ordena:

-         ¡Traigan champaña para todo! ¡Más que suficiente! Se lo merecen por su valerosa acción. Voy a recomendarlos para que ustedes también tengan un ascenso. ¡Digan salud conmigo! –Se dirige al indefenso--, ¡cómo dicen que te llamas? ¡Ah! ¡Sí! Esa mamada de Adam Cramón. ¿No creen mis colegas y amigos que sería mejor que se llamara Adama? Eso le viene mejor. –Y le clava la mirada con el rencor acumulado en la insatisfacción de los años policíacos--, ¡a ver! ¿No qué eres un mago? ¡Quiero ver cómo te escapas! ¿No puedes, verdad? Es que nosotros no somos los pendejos del hospital. ¿Por qué no hablas? ¡Tienes miedo! ¿Verdad?

-         Los Hijos del Padre nada pueden temer, mi hermano, --responde—porque al obedecer su Voluntad somos libres, y escrito está lo que debemos hacer. Así como mi hermano, que con tanto gusto festeja. ¿No piensa acaso que pueda ser víctima del desagradecimiento de quien lo envió?

-         ¡Estas pendejo! ¡Es mi valedor! Hasta me prometió que me llevará a una de esas fiestas secretas a las que asiste. ¡Ya casi somos íntimos! ¡Salud!

-         ¡Por qué cederle el mérito de mi detención? Tú mismo has dicho que soy muy importante. ¿Tienes idea de cuánto puedo valer? ¡Y por un ascenso, por más grande que éste sea, jamás podrá igualarse con lo que pueda darte el Jefe de las Instituciones!

-         ¿Qué? ¿Por qué piensas que el Manda Más podría estar interesado?

-         ¿Te has preguntado quién ordenó mi búsqueda? ¡Fue él! Y se lo ordenó al que consideras tu amigo. Te exigió discrecionalidad absoluta para evitar que otros políticos se enteren y puedan ganarle su candidatura. ¿No sería mejor que tú fueses ese Candidato? ¡Te imaginas! Estar sentado en ese trono omnipotente. Podrías enriquecerte como lo hacen todos, con la diferencia de que nadie podría juzgarte. ¡Tienes en tus manos, la oportunidad de ser muy grande! Sin que le debas nada a nadie, solamente a ti, por tu sagacidad y esmero por la gran inteligencia que tienes.

-         Puede ser que tengas razón. ¿Y cómo podré consolidar esa posibilidad?

-         Muy sencillo. ¡Habla por teléfono y pide que te comuniquen con Su Excelencia! Te garantizo que no encontrarás obstáculo alguno. Es cuestión de que lo intentes.

-         Tienes razón. Nada pierdo con averiguar que puede suceder. ¡Ahorita vengo! Que no se les vaya a pelar, es muy mañoso este sujeto y lo tengo que entregar al Jefe de las Instituciones.

-         Sale Martiniano dando un portazo a su espalda, con la adrenalina en su máximo nivel ante las perspectivas que le acaban de abrir a sus ambiciones. Es difícil calcular el tiempo para los cuidadores que escuchan el ruido de un helicóptero, varios vehículos y el despliegue de una compañía militar. Uno de los agentes se asoma a la puerta y al ver a los soldados siente profundo miedo:

-         ¿Qué fue lo que hiciste? ¡Mira, llegó toda la caballería! A ver si no nos desaparecen junto contigo, como les pasó a los que participaron en el asunto de Lomas Taurinas y el Candidato. ¡Esos cabrones están entrenados para matar sin tocarse el corazón y sin importar quien se ponga en su camino!

-         No hay razón para temer, mis hermanos. Es una cortesía de los asesores del Jefe de las Instituciones. Tienen instrucciones de conducirme a la Residencia Oficial para evitar que algo pase en el camino, enviaron escoltas. Los soldados solamente cumplen órdenes y viene al frente el Encargado de la Defensa Nacional. Deben tranquilizar su ánimo.

Por la puerta estrecha ingresa el militar de alto rango y comenta a su acompañante, Martiniano, que se han retrasado para llevar al detenido. Dos hombres vestidos de civil, con anteojos oscuros, sin poder ocultar su formación castrense, avanzan hacia el Hombre que irradia mucha luz azul que desconcierta a los presentes. Lo suben a la nave aérea para trasladarlo directamente con el Jefe de las Instituciones, con la prudencia de evitar el mínimo diálogo por suponer que puede embrujarlos y dominar sus pensamientos para poder escapar. Al descender en el helipuerto que se encuentra rodeado de prados y jardines con crisantemos y rosas de diferentes colores, en la parte norte de la mansión, los fusileros paracaidistas toman posiciones estratégicas defensivas, apoyados por la Fuerza Aérea que dispuso los aviones F-5 para la ocasión.

-         ¿Y para esto, tanto desplazamiento de unidades? –Pregunta Su Excelencia al Encargado de la Defensa Nacional, al mirar con una sonrisa burlona y prepotente al detenido que en ningún momento pierde la serenidad en el rostro y la luz de vida en los ojos.

-         Señor, solamente cumplimos la orden de la Abuela. Ella conoce bien a estos fanáticos y sus seguidores podrían haber causado mayores problemas.

-         ¡Bueno, bueno! Vamos al despacho. –Indica el anfitrión al momento de reacomodarse la banda que simboliza su importante cargo en el país. Transitan detrás de ellos: El Iniciado custodiado por los soldados que se atropellas entre ellos mismos por los pasillos de la edificación.

Entran al despacho del máximo poder de la nación en donde flota un ambiente de juicio sumario. La Abuela que se encuentra de píe y con el rostro oculto, tiene la necesidad de refugiarse en la mecedora, ayudada por el Primer Arzobispo con aspiraciones papales, pese a su reciente designación. Eduardo no puede esconder la cólera en la careta facial al ver que ingresa al lado de su Jefe y amigo, el agente especial a quien le encomendó la investigación, pero es confortado por Marco Flores Vázquez, quien siente cerca la oportunidad de su venganza. Salen los militares de bajo rango y sentado en el confortable sillón de las grandes decisiones nacionales, Su Excelencia Rodolfo se frota las manos al observar la figura del esposado que está de píe frente a su escritorio:

-         Bueno, Don Martín Díaz Hernández, aquí estamos todos reunidos en espera de sus explicaciones que justifiquen tanto movimiento en su recibimiento. ¿Qué tiene que decir?

-         En el nombre de Dios, mi Padre Bendito, yo, Adam Kardmón, le saludo a mi hermano. Vengo con esta voz de Amor a sus Hijos, para entregar su Palabra Sagrada de Fe y Esperanza en el corazón de mis hermanos. ¡Yo vengo con esta voz, porque tal vez, aun pudiese cambiar el sino de los hombres! El tiempo ya está aquí. Se ha cumplido el juramento por Él que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la Tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar su trompeta, el misterio de Dios se consumará, como Él lo anunció a sus siervos los profetas. Yo conozco las obras de Su Excelencia, que ni es frío ni caliente ante el entrampamiento que se ha ido manifestando por las fuerzas oscuras, para ir envolviendo a su gobierno. Con el engaño y la hipocresía, esas fuerzas ocultas se han apoderado del mando sobre los hombres y mujeres que le rodean y dicen servirle pero, en realidad, buscan absorber su figura para utilizarla en sus ambiciones personales. ¡Escrito está que buscarían desplazar la investidura que representa! Y se les facilitan las cosas por la falta de prudencia y exceso de confianza en las acciones que realiza Su Excelencia, para preservar el poder que le ha enceguecido e inoculó la amnesia de los principios y objetivos para los que fue elegido. Cierto es que nada es nuevo sobre la faz de la Tierra. A través del tiempo se han cancelado estos compromisos. Se han ido vendiendo, ya no a los extranjeros con su secuela de miseria, sino lo más grave: ¡A la oscuridad que avanza y cubre los sentidos! Las señales de desaliento son claras: Invadidos los cielos por fuerzas ajenas, alimentos contaminados por la ambición de la riqueza, los sonidos invisibles para despojar a los hombres de su libre albedrío. Todo bajo un solo poder destructor que ha permitido por el deseo de sobresalir en el ejercicio del poder y encarcelado en la vanidad de la lisonja cuya finalidad es manipular las decisiones finales, contrarias a sus mismos deseos. ¡Ignora que ni siquiera terminará su reinado! Porque escrito está que el cielo se desvanecerá como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla se removerá de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se esconderán en las cuevas y entre las peñas de los montes. Nadie parece darse cuenta que los tiempos han concluido y dispuesto está el momento para que llegue un Hombre, de una sola tacha, de una sola forma, con el Poder de la Creación. ¡Ese Hombre será el que venza todas esas fuerzas oscuras que han emergido! Serán vencidas para reinstaurar la paz y la armonía entre los Hijos del Padre. Para que esto suceda, aun faltan acontecimientos por vivir con dolor y angustia. Y los mercaderes de la tierra llorarán y harán lamentaciones porque ninguno comprará más sus mercancías. Y se quejarán de que en unas horas, hayan sido consumidas tantas riquezas por el incontenible malestar social. La manifestación de la oscuridad será más profunda. Obstruirá el entendimiento de los hombres. El poder perderá su valor porque nadie saciará su avaricia. La profecía es clara: Por su irresponsabilidad, por no haber tenido el carácter de enfrentarse a aquellos que ya han vendido las vidas y haciendas de los que juró defender y proteger, perderá toda potestad del cargo. Es cierto que el miedo a perder la vida, es muy fuerte. ¿Cuál es el resultado? De igual manera se destruyó la familia y toda la vida de Su Excelencia. Yo vengo con esta voz, porque podemos, por lo menos, evitar que se llegue a tanta destrucción, recuperar la confianza. Lo único que necesita saber el Jefe de las Instituciones, es quién será el Elegido para sucederle en el puesto y eliminarlo para impedir que reine la oscuridad por completo. Yo puedo ayudarle, en la confianza de que será protegido por la Fuerza de mi Luz. No habrá poder que pueda llegar a usted, para que podamos evitar tanto pesar y tanto dolor. Recuerde de donde ha caído y arrepiéntase haciendo las primeras obras al sacudirse a todos aquellos que siembran el mal y la discordia, la lisonja y el engaño, para preservar sus riquezas ilegítimas. En el nombre de Dios mi Padre Bendito, Adam Kardmón estuvo con usted. Que la Fuerza del Padre ilumine su corazón y sea una manifestación de verdad en su pensamiento.

Para reducir el impacto de las palabras admonitorias en Rodolfo, por el temor de su posible influencia, (ya no está muy segura de su respuesta en un momento crítico, debido principalmente a que no se preocupó por iniciarlo en las ceremonias secretas), la Abuela empuja a su adepto, Eduardo, para que interrumpa con el escándalo de sus aplausos burlones:

-         ¡Bravo! Pero, miren nada más, los patos tirándole a las escopetas. Un patético mago que aparece y desaparece se siente con ínfulas de estadista. ¡Cómo si se aprendieran estos secretos en las academias improvisadas! No cabe duda que el fanatismo es un peligro latente. ¡Exijo que se le castigue con el máximo rigor! No podemos permitir que cualquiera venga y regañe a nuestro máximo representante, que no está aquí por aventurerismo sino por la firme formación política en sus principios revolucionarios. ¡Éste altanero ofendió al Jefe de las Instituciones y que se atenga a las consecuencias! ¿No lo piensan así? Es necesario un escarmiento para que todos conozcan quien es que el manda realmente en todo el territorio.

Manuel, el Encargado de la Defensa Nacional, valida la propuesta de su colega de gabinete mientras que Marco Flores Vázquez a nombre de los liberales se burla de las visiones apocalípticas generadas en el oportunismo de ese hombre que intenta adjudicarse la representación divina. Una exposición secundada inmediatamente por el medroso Arzobispo impulsado en las sesiones secretas de la Abuela para alcanzar la máxima silla del Vaticano. Quedan a la expectativa ante el silencio de su Jefe que tiene la mirada perdida en la profundidad de los recuerdos. Suspira y expresa:

-         ¡Qué se vaya! Este hombre no representa ningún peligro para nadie. Con esas fantasías bien puede servirnos de distracción a las masas. Martiniano, acompáñelo a la puerta.

La anciana mueve la mano derecha y ordena silencio a los presentes. Se levanta de la mecedora y se apresura a salir para esperar al agente policiaco y le ordena con voz temblorosa pero seca por la imponente figura del Iniciado:

-         ¡Elimínelo!

-         Pero... señora, la orden fue liberarlo. –Dice con tono falso.

-         ¿Quiere que Eduardo descargue su ira en usted, por haber incumplido su orden? ¡Fue desleal con un amigo! Reivindique su posición y cumpla la orden. El futuro es muy generoso para los que cumplen mis mandatos. Le garantizo que nadie se dará cuenta y yo estaré en deuda por este pequeño favor que le pido.

-         Está bien, señora. Lo que usted ordene y mande.

Acostumbrado a recibir órdenes, el agente especial tiene la coyuntura para cumplir su deseo de asesinar al hombre que tanta ira despertó en él, desde aquella tarde en la glorieta del Metro Insurgentes. Lo jalonea y le susurra al oído:

-         Vamos a ver de qué estás hecho. Esta vez no te me escapas. ¡Te lo juro, por ésta! ¡Vámonos!

Con palabras altisonantes rechaza la compañía de sus compañeros. Tiene la necesidad de ir solo para cumplir su cometido. No tanto para enfrentar personal y valerosamente al que considera su enemigo, sino para evitar testigos que puedan incriminarle o chantajearle después.

A bordo del vehículo, muestra indecisión sobre el lugar más apropiado. Dirige el auto al Desierto de los Leones pero se inhibe al percatarse de que la mancha urbana ha poblado la zona. Analiza las posibilidades y ante el creciente índice criminal en Iztapalapa, además de estar protegida la delegación por policías castrenses, estima que podría garantizar su impunidad. Sube al Cerro de la Estrella y en la Cueva del Diablo, baja y amenaza con la pistola a su futura víctima, quien levanta la vista al cielo y expresa:

-         El hombre va su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor pos las calles; antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.

Martiniano, en tanto, ingiere un trago de aguardiente. Empuja al Iniciado a la orilla de la gruta. La inseguridad traspasa su columna vertebral al mirar en el Hombre el brillo de candor en los ojos y firmeza en los músculos del rostro. ¡Está tan lejos del temor! Pareciera que los rayos del sol caen únicamente en esa frágil figura. Turbado, el agente especial ingiere otro trago para calmar sus nervios. Mira a los lados para comprobar que están solos al mismo tiempo que ajusta el silenciador a la pistola. Jala el gatillo en varias ocasiones sobre el indefenso. Quiere reírse pero sus labios se congelan por el aire frío que se presenta de golpe, como si el viento intentara amortiguar la caída del cuerpo mancillado por el mensajero de la muerte. El verdugo empieza a sentir pánico. No alcanza a comprender por qué el cielo se obscurece. Se tiende un manto de nubes negras y se escuchan truenos sordos. La tierra tiembla al recibir en su superficie la materia inerte. El mensajero mortal abre descomunalmente los ojos al ver que se abre un círculo de luz blanca en el cielo y bajan rayos luminosos en espiral de color azul-dorado-plateado para cubrir el cuerpo del inmolado. Con suavidad, lentamente se empieza a levantar la esencia del ejecutado. ¡Es una inmensa figura plateada que se desprende de la masa orgánica! Se empieza a elevar protegido por las luces celestiales en donde aparece una cruz de Malta de oro con un diamante en su centro que le recibe y le conduce a las alturas en donde muchos seres de túnicas de seda moradas, azules, verdes, plateadas, doradas, entonan unos cánticos:

-         ¡Adam Kardmón! ¡Hombre de Carbón! ¡Hijo de Dios, de Amor, Luz y Perdón!

El ejecutor se tapa los oídos y cae hincado. Empieza a golpear la tierra con desesperación. Sus manos y la frente chocan una y otra vez con la superficie terrena. Al momento grita:

-         ¡Ya me llevó la chingada! ¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste? Y, ahora, ¿qué será de mi? ¡Dios mío! ¿Qué fue lo que hice? ¡Perdóname, Señor! ¡Fui tan ciego!

Su mirada se vuelve torva. Se jala los cabellos y se levanta para empezar a brincar y emitir sonidos guturales de primate adolorido. ¡Ha perdido la razón! Se agacha para buscar el arma y se dispara en la cabeza... pero falla. Apunta al corazón... ¡y ya no hay balas! Cae desmayado.

El clima recupera su rutina.

 

 

Capítulo XI

El Mandato Divino

Capítulo XIII

La Renovación

 

 

 Adam Kardmón, la conspiración del fin del fin del mundo Ó.

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