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Mario Luis Altuzar Suárez: Director General

Ana Rosa García Cruz: Gerente

Omar Flores: Coordinador Editorial

 

Novela

Capítulo I

La Manifestación

Capítulo II

El Elegido

Capítulo III

El Secreto de  la Abuela

Capítulo IV

El Adepto de la Oscuridad

Capítulo V

El Viajero Dimensional

Capítulo VI

Los Misterios

de Karla

Capítulo VII

Contacto en el Equinoccio

Capítulo VIII

La Encrucijada

de Martiniano

Capítulo IX

La Revelación

Capítulo X

Las Fuerzas Ocultas del Hombre

Capítulo XI

El Mandato Divino

Capítulo XII

Las Claves del Iniciado

Capítulo XIII

La Renovación

El Autor

 

Ensayo

De cómo se desvío el Destino de México.

Poesía:

La Hora de los Muertos.

Homenaje a Hiroshima.

Cuento;

El Signo de los Tiempos.

Premio UNESCO de Literatura 93.

Metafísico:

Guía del Despertar del Espíritu.

Esotérico:

Tomo I

Del Archivo de Merlín.

Adam Kardmón

La Conspiración del Fin del Mundo

Por Mario Luis Altuzar Suárez

 

Capítulo XIII

 

La Renovación

 

“El fuego se renueva al infinito de la naturaleza”, escucha Miguel en su memoria. Siente el frío del amanecer en las instalaciones deportivas de la Universidad, en donde pasó toda la noche en meditación bajo la bóveda celeste, buscando respuestas al mensaje recibido de su Maestro y de sus propias inquietudes. Armenta observa un impresionante despliegue militar para bloquear con barricadas los accesos y ordenar a los deportistas matutinos que desalojen el área y regresen a sus casas para recibir instrucciones por la radio o la televisión. Con tranquilidad se dirige a su automóvil y lo aborda para ir a su departamento, sin alcanzar a percatarse de la dimensión de los hechos que se precipitan para romper la inercia cotidiana.

En el camino reflexiona sobre su reciente trabajo astral, en donde se manifestó Daniel con su profecía: “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán ímpiamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás, para recibir tu heredad al fin de los días”.

Las palabras buriladas en su pecho, provocan un ardor interno muy intenso. No alcanza a entender la profundidad de los conceptos en donde intuye el significado oculto del mensaje en la imagen de Cuatro Maestros Guardianes de los Portales del Norte, del Sur, del Occidente y del Oriente que custodiaban a una multitud vestida con ropajes de lino blanco, de píe frente al Tabernáculo en cuya parte superior flota una nube plateada por donde sale el sol, con el número doce mil, claramente visible.

Ingresa a su departamento en donde el timbre del teléfono no descansa. Avienta la mochila y corre para contestar. Levanta el auricular para oír una cascada de palabras:

-         ¿En dónde te habías metido? Todos estamos preocupados por ti. ¿Ya le hablaste a tu papá? ¡Debe estar muy preocupado!

-         ¿Por qué? No sé de lo que me hablas. –Por los gritos, la interlocutora está al punto de la histeria y exclama--, ¡Karla! Tranquilízate y respira suave y profundamente. Debes visualizar el aire azul que ingresa al fondo de los pulmones. Ahora sí, dime lo que te sucede.

-         Quien sabe a que hora fue, pero hay cambios políticos muy fuertes. Por la radio únicamente se transmite el Himno Patrio que es interrumpido por informes militares. Tengo grabada una comunicación de la una de la mañana con el Encargado de la Defensa Nacional custodiado por su colega de la Guardia Especial de Su Excelencia. Informa que renunció el Jefe de las Instituciones por razones de salud y que asumían el control político del país, para salvaguardar la transmisión de poderes que orden los legisladores en las próximas horas.

-         No tienes de que alarmarte. Quédate en tu casa y no salgas para nada. ¿Qué sabes de los hermanos?

-         La Maestra Carolina se encuentra bien. A todos los agarró de sorpresa esta situación que era difícil de imaginar. ¡Dice mi papá que no había indicios que anticiparán esta nueva realidad!

-         Por ahora, debes tener calma y entrar en oración para que se Manifieste la Luz de la Protección de Dios Padre, en todos y cada uno de los hermanos. Recuerda hacer un quantum de amor para toda la hermandad. Después te llamo.

El estudiante se comunica con su familia para saber como se encuentran. Su papá le proporciona la versión de los hechos que le dieron los miembros de su logia:

-         Al parecer, el gabinete en pleno, con los representantes populares, descubrieron que Su Excelencia padecía de alzheimer progresivo, esa enfermedad senil que es muy difícil que se manifieste en personas de cuarenta a los cincuenta años. Aunque cabe la posibilidad remota, por factores genéticos.

-         Papá, esa enfermedad no puede presentarse por herencia, según los últimos estudios. ¿No es muy raro?

-         Pero acuérdate que si en nuestro país hubiese nacido Kafka, no se le consideraría el padre del surrealismo sino un escritor costumbrista. –Y ríe para celebrar su ocurrencia. Retoma la conversación--, quien sabe realmente lo que está pasando en las alturas del poder. Lo único que puedo aconsejarte s que no salgas a la calle para prevenir contratiempos. Yo no abrí el comercio, hasta que veamos como está la situación.

-         Aquí voy a estar a menos que me llamen del hospital. Hasta luego. Un beso para ti y para mamá.

Enciende el televisor y observa en la pantalla que los Representantes Populares ofrecen entrevistas a los medios masivos de comunicación para confirmar que el Excelentísimo, en un momento de lucidez, presentó su renuncia con carácter de irrevocable y que sería enviado a una institución en el extranjero para su atención médica. Se suspenden esas imágenes para dar paso al amplio salón de sesiones en donde el líder de la fracción del partido en el poder, anuncia:

-         Con fundamento en el artículo ochenta y seis de nuestro máximo libro de la Ley, los miembros de las dos cámaras, reunidos en forma extraordinaria, hemos estudiado la renuncia presentada por el Jefe de las Instituciones acompañada del diagnóstico médico y aceptamos con profundo pesar para la nación. Con sustento en el artículo ochenta y cinco del mismo libro, y después del análisis profundo del perfil del hombre que necesita el país en estos momentos de extrema urgencia, se aprobó por unanimidad, designar como sucesor a Don Eduardo Koffman Urigarte, quien hasta este momento desempeña el puesto de Encargado de la Política Interior. Se abre un receso para que la Comisión de Cortesía se traslade a la Primera Residencia de la Nación, para informar a los dignos representantes de las Fuerzas Armadas, la decisión de esta Soberanía.

Con el Himno Patrio de fondo al emblema de la Jefatura de las Instituciones, se suspende la transmisión de televisión. Miguel recuerda las palabras del Maestro antes de partir:

-         Descifre el signo de los tiempos que están por manifestarse en el entorno de un Rey que despojado será de su corona, obligado a abandonar sus tierras.

Reflexiona:

-         ¡Es muy claro! ¿Pero será cierto?

Sale a la calle para comprar un periódico y buscar si hubo algún golpe de estado en cualquier parte del mundo. Regresa a sus aposentos y hojea rápidamente el periódico sin resultado alguno. Su atención es desviada al televisor y escucha la voz del locutor al reiniciar la emisión:

-         En estos momentos se hacen los preparativos en la Máxima Representación Popular para iniciar la transmisión de poderes. Vemos llegar, con su uniforme de gala, al Encargado de la Defensa Nacional quien mostró su sentido patriótico al ocupar por diez horas el máximo poder de la nación y aceptar entregarlo, a nombre de Su Excelencia Rodolfo a un civil para que impere la tradición pacifista de un pueblo que observa en la banda que ahora porta con gallardía y jovialidad, el símbolo de la esperanza de preservar el destino libre y soberano d nuestra democracia. A su lado camina Don Eduardo, que a sus cincuenta años, hasta hace unos momentos no había soñado con llegar en forma tan inesperada a regir los anhelos y aspiraciones de sus compatriotas. Se tocan los honores correspondientes y todos guardamos un silencio respetuoso.

El adepto observa la enigmática figura de una anciana con rica vestimenta y enjoyada que camina en medio de los dos protagonistas principales del momento. ¡En algún lado la vio! Se dirige al matutino y comprueba que se encuentra en la fotografía cuando el Excelentísimo estampa la última firma de su mandato. Aunque ocupa una posición discreta atrás de los altos funcionarios, protegida en la penumbra, Miguel cree ver una sonrisa burlona de la mujer que intenta ocultar su rostro. El joven médico siente la necesidad de cerrar los ojos para recibir la manifestación de ese momento:

El hombre de lentes y con pelo encanecido por el ejercicio del poder al frente de las Instituciones, es recriminado agriamente por esa anciana que señala con el índice derecho a un lugar que proyecta un haz de luz café opaco, para tenerlo paralizado en el sillón. No alcanza a percibir las palabras pero observa como una mujer adulta y alcoholizada quiere proteger en su regazo a unos pequeños, arrinconados por las bayonetas de los soldados, ante la severidad de un hombre alto y de faz blanca que se parece al Presidente de los Estados Unidos.

-         ¡Créelo! ¡Es cierto! –Escucha el mentalista y abre los ojos para casi gritar:

-         ¡Maestro! ¿En dónde estás?

El silencio es la única respuesta. No tiene tiempo de analizar las visiones por el sonido del teléfono. Contesta:

-         Sí, doctor. En este momento salgo para allá... No, no creo que sea necesario... Bueno, como usted lo ordene.

Al mismo tiempo de colgar el auricular tocan a la puerta. Abre para ver dos militares de bajo rango que llegaron a buscarle con instrucciones de escoltarle al Centro Médico de Urgencias Populares.

En el trayecto, el joven doctor entiende la razón de que sus jefes le hayan procurado esa protección. Observa como son detenidos los conductores, revisados con altanería sus documentos y en casi todos los casos, remitidos a una guardia especial. Las tanquetas patrullan las calles y en el cielo se oye el ruido de los aviones y helicópteros. Al arribar al hospital se encuentra con un panorama crispante: Heridos y golpeados que después de la atención médica serán consignados a la policía. Responde a su vocación de servicio e inmediatamente inicia su labor en urgencias. ¡Tanto dolor y tanta sangre, constriñen su corazón!

-         “Vea , mi hermano, que se ha quitado la paz sobre la faz de la tierra y se matan unos a otros, sin percatarse de que la Muerte seguida por el Hades, avanza en adjudicarse la potestad sobre la cuarta parte del planeta para matar con espada y hambre”, es la voz del recuerdo almacenada en la memoria.

Un compañero lo llama para que todos se concentren en la Dirección General. Allí, su jefe les invita para ver en la televisión los pormenores del momento. Mira que la enigmática anciana, después de que el Encargado de la Defensa Nacional se quita la banda para entregarla al Representante Popular, la arrebata para imponerla en el sucesor designado y escucha el juramento:

-         Protesto guardar y hacer guardar el Máximo Libro de la Ley y las leyes que de él emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Jefe de las Instituciones que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y la prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la nación me lo demande. ¡En Dios confío!

Cambios substanciales como la presencia del Presidente de los Estados Unidos que, fuera del protocolo, sube a la máxima tribuna nacional para felicitar al recién designado Jefe de las Instituciones.

-         “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia”, escucha Miguel en sus pensamientos que abandona al observar que las cámaras de televisión se anulan por la imagen de vídeos para mostrar la importante trayectoria política del nuevo dirigente y presentar la primera entrevista que concedió momentos antes de la ceremonia oficial:

-         Mi compromiso es con un país respetuoso de la ley y que sabe honrar su palabra en los compromisos internacionales. Habrá algunos ajustes en materia política para combatir la criminalidad. Les pido a todos mis conciudadanos, su comprensión en estos momentos de grave tensión que pretenden aprovechar los enemigos de nuestra soberanía y de las instituciones. Para evitar que logren confundir a la sociedad con sus mensajes apocalípticos, cuando avanzamos a la consolidación de la recuperación económica, hemos detectado la peligrosa presencia de falsos líderes sectarios y agitadores que serán encausados y anulados por el bien de la Patria. Vivimos momentos de tranquilidad y paz social y nadie podrá adjudicarse iluminismos divinos para atentar contra un estado de derecho que se ha forjado a través de los siglos con la sangre de nuestros ancestros.

Un discurso que conduce a Miguel a recordar las palabras de su Maestro:

-         “He aquí que algunos de nosotros caeremos en la cárcel para probar nuestra fidelidad a la Obra del Padre, porque la oscuridad confiada en su prepotencia, engañará a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra para reunirlos en contra de los Soldados de la Luz”.

Palabras del Iniciado que empiezan a tomar su verdadera dimensión al descifrar los hechos del momento, empero, que abren su entendimiento a la misión que deberá completar: Ese número proyectado en la nube del Oriente, eran doce mil que multiplicados por los Doce Jerarcas del Pueblo de Dios, representan los ciento cuarenta y cuatro mil sellados, destinados a esperar a los Maestros Ascendidos en el momento final. Con gozo mira al cielo al escuchar:

-         ¡Preparad la Tierra! ¡Ya es el momento!

Sale de la oficina para dirigirse a cumplir su cometido de atender a los heridos y golpeados, víctimas de la transición política, no tan pacífica como se anuncia oficialmente en los medios masivos de comunicación. Cuando se encuentra en el pasillo al irreconocible agente del ministerio público, ahora, pulcramente vestido con traje de manufactura extranjera, mancuernillas y pisa corbata de oro, con intenso olor a loción francesa y zapatos británicos:

-         ¡Hola, doc! ¿Cómo ha estado? ¡vine única y exclusivamente a buscarlo!

-         No tan bien como usted, pero estamos aquí, cumpliendo con el Juramento de Hipócrates, al servicio de la comunidad. ¿En qué puedo servirle?

-         ¡Deje eso! Venga conmigo. Solamente un momento. –Le dice en tono suplicante al estudiante que piensa, se trata de alguna emergencia con un familiar. Le acompaña al estacionamiento y oye:

-         ¡Mire, doc! ¡Qué carrazo! ¿No le parece?

-         Muy bonito, pero ¿para esto me trajo? Yo creí que...

-         No mi doc. Quería comunicarle que me designaron Director de Operaciones de la recién formada Policía Nacional. Y quiero mostrarle algo, pero no aquí, es en otro lugar.

-         En este momento me es imposible. ¡Tengo mucho trabajo!

-         ¡Venga conmigo! ¡Le conviene! Hombre, yo sé lo que le digo.

-         ¿Por qué razón?

-         Yo sé bien mi cuento. Tiene que ver con aquel sujeto de la magia.

Al oír esto, Miguel se interesa y acepta acompañar al funcionario de policía. Suben al lujoso auto y se abren paso con la sirena abierta, para evitar que sean interrogados por los retenes militares. Llegan a la avenida Niños Héroes en la colonia de los Doctores y descienden frente al Servicio Médico Forense:

-         ¡Qué le parece, doc!

-         ¿Qué cosa?

-         Sus nuevas oficinas. ¡Usted será el nuevo director general del Servicio Médico Forense! Me tomé la libertad de recomendarlo ampliamente con mis jefes y aquí en el bolsillo, traigo su nombramiento que entra en vigor en este mismo momento.

-         No le entiendo lo que dice. ¿Podría explicarse?

-         Sígame y vera. No debemos ser descorteses con quien nos proporcionó todo.

Y con exceso de confianza toma del brazo al médico para conducirle por los fríos pasillos de la morgue. Llegan a las planchas y detiene a unos soldados que estaban por llevarse un cuerpo:

-         ¡Tenemos órdenes superiores! Debemos llevar este cadáver al Campo Militar número Uno.

-         ¿Quién dio las instrucciones?

-         Mi teniente acompañado de un mujer. No le creímos pero nos dijo que lo lleváramos a los crematorios porque piensan que puede resucitar y para evitar cualquier contratiempo, pues quieren ver sus cenizas. ¡El que manda, pos manda y ya! ¿No?

-         Ahorita se lo llevan. Déjeme unos minutos con él, ya que el nuevo Director del Servicio Médico Forense, debe autorizar la salida de un cuerpo. En unos segundos les llamamos.—Y despide en la puerta a los castrenses mientras que Miguel repara:

-         ¡Oiga! Yo no le he dicho que ya acepté el cargo.

-         ¡OH! ¡Cómo no, mi doc! ¿A poco se va a negar a ganar mucha lana para disfrutar de la vida? A su edad y con este cargazo, ya cualquiera lo envidiaría.—Comenta mientras levanta la sábana para mostrar el cuerpo de su Maestro, cuya paz en el rostro parece iluminar el recinto. Añade--, le dije que este cabrón traía torta para todos. Y quien mejor para recibir los beneficios que usted, mi doc.

El estudiante contiene su angustia que se transforma en su interior en impotencia. Hace una oración y en su cerebro toman forma las palabras: “Ya pronto partiré y usted deberá continuar la obra. Nada se puede temer cuando se sabe que Dios está en uno”. Adquiere la templanza y devoción y con humildad, empieza a entender:

-         Entonces qué, mi doc. ¿Acepta?

Se abre el cielo y baja un rayo de luz plateada que cubre a Miguel al momento que postula:

-         ¡No puedo aceptar! Sería tanto como traicionar a mi Maestro.

-         ¿No aceptas? ¿Pues quien cabrones te crees? –Empieza vociferar el funcionario, más por el miedo al ver las tonalidades que proyecta su interlocutor que señala:

-         En verdad os digo, mi querido hermano, escrito está en el Libro de la Vida, que está cerca el día en que Él llegará para recompensar a cada uno según su obra.

-         No te entiendo ni madres. ¡Pareces borracho!

-         Mi hermano no quiere ver lo que es visto por la Anunciación.

-         ¡¿Quién eres?! –Inquiere atemorizado por el coro que se manifiesta desde algún lugar desconocido y que interpreta en el congelamiento de su sangre: “¡Hombre de Carbón. Hijo de Dios”, al momento que escucha la suave voz de su acompañante:

-         ¡Yo soy el que soy! ¡Soy Hijo de Dios! ¡Yo soy Adam Kardmón!

 

 

Capítulo XII

Las Claves del Iniciado

El Autor

 

 

 Adam Kardmón, la conspiración del fin del fin del mundo Ó.

Todos los derechos reservados por: Editorial La Casa de Orión, S. A., de C. V.

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