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Mario Luis Altuzar Suárez: Director General

Ana Rosa García Cruz: Gerente

Omar Flores: Coordinador Editorial

 

Novela

Capítulo I

La Manifestación

Capítulo II

El Elegido

Capítulo III

El Secreto de  la Abuela

Capítulo IV

El Adepto de la Oscuridad

Capítulo V

El Viajero Dimensional

Capítulo VI

Los Misterios

de Karla

Capítulo VII

Contacto en el Equinoccio

Capítulo VIII

La Encrucijada

de Martiniano

Capítulo IX

La Revelación

Capítulo X

Las Fuerzas Ocultas del Hombre

Capítulo XI

El Mandato Divino

Capítulo XII

Las Claves del Iniciado

Capítulo XIII

La Renovación

El Autor

 

Ensayo

De cómo se desvío el Destino de México.

Poesía:

La Hora de los Muertos.

Homenaje a Hiroshima.

Cuento;

El Signo de los Tiempos.

Premio UNESCO de Literatura 93.

Metafísico:

Guía del Despertar del Espíritu.

Esotérico:

Tomo I

Del Archivo de Merlín.

Adam Kardmón

La Conspiración del Fin del Mundo

Por Mario Luis Altuzar Suárez

 

Capitulo II

 

El Elegido

 

-... y cuando llegó el director general acompañado del funcionario de gobierno, ¡ya no le hallaron!

El entusiasta comentario de Miguel lo interrumpe su interlocutor:

-         ¡No te pases mano! ¿Cómo no iba a estar? ¿No dices que lo encerraron con doble llave y que le pusieron dos guardias de seguridad? ¡Ahí debería de estar!

-         En serio –insiste el cronista--, te digo que nadie supo explicar lo que había pasado en el lugar y con el hombre. Me confirmaron que le buscaron por todo el edificio y nunca apareció. ¡El hombre se esfumó! Los que estuvieron en ese momento, tenían mucho miedo. ¡No te creas que era por la amenaza de que los despidieran! No. Sino porque muchos de ellos pensaban que era cosa del diablo. Otros creían que era un milagro y se persignaban al hacer sus comentarios. ¡Hubo quien sostuvo que se trataba de un extraterrestre porque desprendía un brillo extraño! ¿Te imaginas? Enfrentar la guerra de las galaxias en estos momentos de terrible crisis económica y social, ¡sería terrible! Pero, independientemente de las interpretaciones que se dieron, todos coincidieron en un punto central: La única forma de que pudiese salir del cuarto, era traspasando las paredes...

-         ¡Híjole, mano! ¿Traspasar paredes? ¡Ahora sí que te manchaste! Me cae que te pasas. Ni pareces estudiante de medicina. ¿Ya se te olvidó que la materia tiene propiedades? ¡Es de párvulos! ¿O no? La materia se constituye de peso, volumen y forma. ¿Podrías negar el principio científico, plenamente comprobado, de que un cuerpo no puede ocupar el mismo espacio en el mismo tiempo y lugar que otro cuerpo? Por lo tanto, tenemos que el hombre es materia y las paredes también lo son, para concluir que es imposible que puedan ocupar un mismo lugar en el mismo tiempo, que sería el traspasar la pared. Hasta en el cuento del Hombre Invisible se acepta esta base de la ciencia. ¿No te acuerdas? Con todo y su invisibilidad, el sujeto tiene que abrir la puerta para salir de una habitación. No dejes en mal a tus maestros que te dan tan buenas calificaciones. ¡Mejor cuéntanos una de vaqueros!

-         ¿Qué explicación puede darse, entonces, al caso que observaron muchas personas? – dice en su persistencia el estudiante.

-         ¡No seas tan ingenuo! Lo más seguro es que los dos guardias tienen la clave del secreto. Los caminos de la corrupción son inescrutables. Esos miserables están a base de salarios de hambre. A cada rato se denuncia en los medios de información que la Hermandad de los jefes no desaparece por más intentos de limpieza que intentan hacer las administraciones públicas, sean del partido que sean. A la tropa les exigen su cuota diaria y ellos, deben buscar la forma de sacarla. En la tele se han documentado esos actos de corrupción. Se confabulan con los delincuentes para atracar a los transeúntes o paran los carros sin mayos justificación. Están mezclados con bandas de secuestradores. ¿No crees que le pidieron una lana para dejarlo ir?

-         No llevaba dinero. Solamente la bata del hospital.

-         ¡Chale, mano! Te aferras en serio. Si al detener a un cliente en frente de un banco, ¡hasta lo acompañan a su casa para que les de la feria! Lo mismo pudieron hacer en este caso.

-         Pero alguien pudo verlo salir...

-         Eso es seguro. ¿Pero, quién diría algo? Primero, debes considerar que estamos acostumbrados a solidarizarnos con cualquiera que persiga la policía y en segundo lugar, ¿quién lo vio? Además de los dos guardias, ¿alguien más podría identificarlo? ¡Nadie! Y pudo salir sin mayor problema. ¿No dices que el ministerio público lo iba a investigar? ¡Quién sabe que le iban a encontrar al angelito y mejor se peló!

-         ¿Y, si no hizo nada?

-         ¡Con mayor razón mano! ¿Para qué quedarse y que le cargaran culpas ajenas?

-         ¿Y si se tratase de uno de esos espías que se las saben todas? --Terció otro estudiante--, bien pudo esconderse en el ducto de aire acondicionado y esperar el momento oportuno para fugarse. En ese hospital en donde se carece de lo indispensable, el sistema de ventilación no sirve y no lo reparan para ahorrarse el mantenimiento. Yo creo que por allí se fugó. Estuvo escondido hasta que pasó la confusión y cuando ya nadie lo buscó, aprovechó el momento y simplemente se fue, al fin que era un perfecto desconocido.

-         ¿En que basas una hipótesis tan jalada? –dice el escéptico interlocutor sin percatarse del malestar de Miguel.

-         ¡No te creas que tan jalada, manito! Miren, pongan mucha atención: El tipo jamás dijo su verdadero nombre. ¿O no? ¡Intentaba ocultar su verdadera identidad! Para posponer un posible interrogatorio grueso, soltó un anzuelo con el chiste ese de Adán Carmón...

-         ¡Adam Kardmón, pendejo!

-         La verdad, desconozco si era pendejo...

-         ¡Él no, sino tú!

-         Bueno, bueno, cómo se llame ese cabrón. ¿En qué iba? Ya hiciste que se me fuera el hilo. ¡Ah, sí! Como decía, proporciona un nombre que provoque desorientación de su verdadera identidad. Pero no deben olvidar que hay agencias que entrenan muy bien a sus agentes en el arte de engañar con la verdad. ¡Aquí mismo, en la universidad, los tenemos y se hacen pasar como universitarios! ¡Y lo son! Pero fósiles. Pues ese sujeto bien puede pertenecer a un operativo muy sofisticado. En Jóvenes para la Ciencia nos dijeron que la Universidad está colaborando con las principales potencias industriales en un programa que se llama Genoma Humano. ¡Y México es muy importante en este campo! ¡Acuérdense del doctor Madrazo! Descubrió el tratamiento para el “mal del sambito” y otros investigadores avanzaron en el descubrimiento del superconductor que utilizarán las naves espaciales en el futuro cercano. ¡Yo creo que por ahí está el asunto! Además, se ordenó hermetismo en el personal, seguramente porque ya lo tienen bien ubicado y quien sabe si sepamos cuando lo detengan...

-         ¡Sí, mano! –retoma la palabra el primer oyente-, no te tritures el cerebro. Hay lógica. Si consideramos que la NASA ya envió una sonda a Marte y para protegerla, porque ya había desaparecido otra sin dejar huella, la dotaron de un sistema de proyección de hologramas. Un avance tecnológico que ya puede estar en poder de las agencias internacionales de espionaje. Chance y este cuate traía uno de estos equipos en miniatura, reducido por la magia de los micro chips y logró esconderse para fugarse después. ¡Tú sabes! Si los pescan son enjuiciados sumariamente y ajusticiados sin contemplaciones y... para salvar el pellejo, la imaginación es poderosa y activada por el instinto de conservación. ¡Miren! Allá viene Karla. Vamos a ver que nos cuenta la chava.

Observan a una joven de aproximadamente veinte años de edad, pelo lacio que le cae a los hombros y que enmarca la redondez de su rostro con nariz respingada y ojos púrpura, incapaces de ocultar su inquieto carácter. Como es costumbre en ella, los libros y libretas buscan zafarse de sus brazos. Una pluma cae el suelo y le obliga a inclinar su metro cincuenta y cinco de estatura.

-         ¡Qué onda, galanes! ¿Qué se traen? ¡Por esos gestos de importancia, parece que intentan ocultar algo!

-         ¡Hay que te cuente Miguel! Pero promete no reírte.

-         Soy toda oídos. A ver, suelta de una vez.

-         Escucha con atención la narración de su compañero de facultad. Guarda unos instantes de silencio. Frunce el entrecejo al momento de mordisquear nerviosamente sus labios y expresa:

-         -¡Qué barbaro! Yo de plano le encuentro un gran parecido con Kalimán. Mi padre tiene una colección de la revista del Hombre Increíble educado rigurosamente en el Tíbet por los Monjes Lamas. ¿No conocen ese cómic de las sesenta? Era un tipo bien, pero bien dotado por la naturaleza. ¡No le dolía nada! Siempre estuvo acompañado de un niño llamado Solín. ¡Hasta radionovela le hicieron! Dominaba los poderes de la telepatía, la proyección mental, la hipnosis, la levitación, el desdoblamiento espiritual y me acuerdo que en algunas aventuras, realizó la muerte fingida para poder escapar de sus enemigos que eran mafiosos o de esos locos que buscan dominar el mundo, sin soslayar que se enfrentó a vampiros y grupos sectarios. Su nombre lo adoptó de la Diosa hindú llamada Kali, que según su tradición, exige tributos de sangre a sus adeptos quienes no pueden estar sin asesinar por medio de sogas con nudos para provocar la asfixia. Es también conocida como Druga, la esposa de Siva. Y si tiene contacto con ella, pues ¡fácil!, se obtienen esos poderes...

-         ¡Claro! Allí está la clave del secreto. Yo también leí esa revista que guarda mi hermano mayor –dice Raúl--, pero ¿cómo se me fue a pasar? Miren esto y me darán la razón: Kali era la Diosa de la Energía y su esposo Siva es la Tercera Persona de la Trinidad indostánica. Es una deidad renovadora. ¿Ven? Si esa divinidad es renovadora, seguramente el sujeto que menciona Miguel es uno de sus adeptos, y chance hasta uno de sus sacerdotes. Lo peligroso, entonces, es que empiecen a parecer muchos estrangulados para que se pague el servicio obtenido –y empieza a carcajearse.

Karla interrumpe la eufórica celebración del bromista:

-         Esperen. El tiempo en que los Dioses bajaban para mezclarse con los hombres, ya pasó. Fue hace muchos siglos. Para estar en buena onda, yo creo que debemos darle otra explicación. ¿O qué, ya se olvidaron de los Hombres de Negro? Esos que proponen en las películas como los defensores de la especie humana de la escoria del Universo. Trabajan en forma oculta y son financiados por el gobierno de los Estados Unidos. Podemos aceptar que seres de otras galaxias conviven con nosotros. Lo malo de todo esto, es que dicen que pueden posesionarse de los cuerpos humanos sin que nadie pueda percatarse. Con esa tecnología tan adelantada pueden hacer infinidad de cosas raras. ¡Ya lo tengo! El herido que atendiste y logró recuperarse era un extraterrestre que se posesionó del cuerpo del director general. ¿No dicen que fue el único que entró y salió del lugar? Ahí lo tienen. Desde la primera vez en que entró y salió de la habitación, ya no era el médico que todos conocieron, sino el extraterrestre y los engañó a todos. ¿No les parece genial mi deducción?

Miguel está realmente molesto. No puede contener su irritación al ser el blanco de las burlas:

-         ¡Ya, párenle! Mejor ni les hubiese contado. Aquí la cortamos y se acabó.

-         No te erices, chavo. Te hacemos un favor para que no te devanes inútilmente los sesos y eres tan desagradecido que así nos pagas: Con gritos y mentadas en silencio. ¡Ya no la haces, mano! Nosotros somos tus cuates y no queremos que te alucines y pierdas el piso.

Sin atender el reclamo, les da la espalda y levanta el brazo derecho con la palma de la mano extendida en señal de una fastidiosa despedida. Piensa que sus amigos están fuera de la realidad al no practicar la enseñanza en algún hospital. Atribuye a esa condición su incomprensión. Desecha el recuerdo del momento anterior y en su pensamiento recupera prioridad la narración de sus compañeros de trabajo. Confirma cada vez que repasa la crónica de los hechos del recuperado milagrosamente, que algo sobrenatural sucedió. Siente la imperiosa necesidad de indagar hasta encontrar una respuesta sólida y lógica al suceso.

Independientemente de su espíritu investigador, inculcado por el academicismo científico, el estudiante está herido en su amor propio. Es el mejor en las aulas universitarias, con calificaciones que le auguran la Medalla Gabino Barreda. Sus maestros muestran su orgullo al ponerle de ejemplo y le dieron todo su respaldo para que iniciara el servicio social en la capital de la República y mucho antes del tiempo exigido por las autoridades, mientras que a otros los envían a provincia y una vez que han concluido sus estudios. Su probada capacidad alimenta su ego, y está confundido y lastimado al haber sido él, el que recibió al herido y diagnosticó su imposible recuperación. ¿Podía haber fallado en la apreciación a simple vista, de un moribundo? Miguel siempre había criticado a los médicos que ocultan sus errores en la tierra del cementerio. ¿Había incurrido en el irresponsable apresuramiento? De ser así, piensa que es su obligación abandonar su carrera. Es preferible renunciar a unos cuantos meses de recibirse, antes que ser un charlatán que engaña a sus pacientes y los condena a la muerte. En los recovecos de su memoria existe un atenuante: El agente del ministerio público constató que el herido estaba a punto de morir. ¡Pero es un licenciado en derecho que nada sabe de medicina! Es prioritario saber lo que realmente sucedió. El futuro profesional de un estudiante pende del resultado.

Así, en medio de sus cavilaciones, llega a la puerta central de la biblioteca universitaria. Decide entrar y buscar en los libros. La encargada observa el gesto preocupado del estudiante y recibe su credencial. Busca en los anaqueles aquellos tratados que intentan desentrañar el concepto del alma y su incidencia en el comportamiento humano. Un tema encajonado en el psicoanálisis y el estudio del consciente y el subconsciente, sin alcanzar la trascendencia en sus conclusiones para diluir el enigma. Con el principio del francés Antonio Lorenzo de Lavoisier quien estableció la ley de la materia, se han pesado a moribundos y cotejado la diferencia de gramos al fallecer, sin que se logre el convencimiento científico de que esa variable representa el alma y en cambio, se atribuye a la pérdida de líquidos.

Definitivamente, los umbrales de la muerte se marginó al interés exclusivo de las revistas de ciencia-ficción y las especializadas en fenómenos paranormales, sin lograr pasar a la seriedad por la inconsistencia de concretar los experimentos en la repetición en el laboratorio para establecer la metodología de comprobación y generar un principio de enunciación.

El estudiante se sorprende de la cantidad de escritos sobre la creación de seres humanos en probeta, desde la separación de los óvulos y espermatozoides, la inseminación artificial, la implantación en el cuerpo femenino. Lo que está de moda en las revistas científicas es la clonación de ovejas y sus repercusiones en la filosofía y la moral de la sociedad que antepone la productividad y la eficiencia a preceptos que consideran, son de la Edad Media.

Poco existe, empero, sobre la participación de los cuerpos militares en la experimentación científica en diversos campos genéticos, con resultados fallidos, como son la abeja asesina y el SIDA, aunque hay escasos pero substanciales indicios de que los cuerpos castrenses muestran su interés de crear seres humanos clonados para conformar ejércitos que enfrentarán las guerras del futuro sin la codificación genética de los sentimientos, ya que al ser creados en laboratorio, piensan que carecerán de alma y espíritu. Sobre el tema que le interesa, nada descubre el universitario.

Ajusta su metodología de investigación. Sigue las pistas de escritos científicos que hacen alusión a principios filosóficos. Encuentra que el fisiólogo francés, Claude Bernard demostró la importancia del páncreas en la digestión de los cuerpos grasos, la función glicogénita del hígado y la existencia de centros nerviosos independientes del gran centro cerebro-espinal. Sin embargo, el hombre fue severamente cuestionado por su introducción al estudio de la medicina, en donde define que los principios de toda investigación científica: “Únicamente la pregunta ¿por qué?, es realmente absurda, pues necesariamente supone una respuesta cándida o ridícula” y exalta la interrogante ¿cómo?, en el sustento irracional que fue abandonada desde mediados del siglo dieciocho. Los filósofos, descubre el lector, sostienen que al excluir la primera pregunta se provocó el estacionamiento de la ciencia y se precipitó al dogmatismo de la comprobación para aceptar la existencia de un fenómeno, tan similar al oscurantismo dictatorial católico en la Edad Media, ya que se dejan incógnitas que persisten tal como al comienzo de los tiempos.

El dogma científico enfrentó la barrera del Siglo de las Luces para aceptar que una reacción física del hombre se relaciona directamente con la conciencia, desconocida en su funcionamiento y sustancia, según las lecturas que consulta Miguel en donde se asienta que, se tuvo que contar con instrumentos técnicos de precisión para medir los ciento ochenta mili segundos que existe de diferencia entre un estímulo luminoso y la respuesta. Conceptos soslayados hábilmente por sus maestros universitarios sin poder ocultar el interesante principio de la dualidad del filósofo, matemático y físico francés René Descartes. Observa que los estudiosos tienen serios problemas para clasificarlo. Unos lo ubican como el Padre del Materialismo en sus obras consideradas como científicas y razonables y otros lo tildan de ser un idealista incorregible que le llevó a perder el tiempo en sus estudios de metafísica. Los que se consideran verdaderos hombres de la ciencia, rechazan la idea de que el francés incursionó en los dos planos al mismo tiempo, porque simple y sencillamente, los dos campos carecen de separación como se intenta forzar en la interpretación de su base teórica, en el sentido de que el hombre está compuesto de cuerpo y alma, en donde la psique no sigue las coordenadas del físico. Un crítico rígido, sería el psicólogo y filósofo alemán, Guillermo Want, desde que fundó en mil ochocientos ochenta la psicología experimental; sostuvo que la metodología basada en la imposición científica de responder la pregunta ¿cómo?, y soslayando el ¿por qué?, era “ir a lo inmediato para lograr el éxito superficial con respuestas rápidas (lo que implica que) ha limitado nuestro pensamiento”. Comprende el pasante de medicina que la sana distancia entre las dos disciplinas es irreflexivo.

El inquieto estudiante abre su entendimiento al descubrir esa nueva herramienta para su razonamiento. Recupera, entonces, en su memoria el nombre del herido: Adam Kardmón, “puede ser la clave para buscar la respuesta la interrogante principal”, piensa y prosigue: “Se dijo, además, Hijo de Dios”. ¿Por qué negarse a seguir esas pistas? Se entusiasma y se dirige al área de religiones en la sala bibliotecaria. Hay varios títulos. Un ensayo sobre la Biblia le indica que Adán es el nombre del primer hombre en la tierra, aceptado por el libro sagrado que adoptó su nombre de la ciudad de Biblos, conocida en la actualidad como Jubayl en el Líbano, el Oriente Medio. En ese lugar se creó un centro de culto a la Diosa Astarté, divinidad dedicada al cielo entre los pueblos semíticos y era la encargada de proteger la vida en las ciudades. La Biblia que tantas veces vio Miguel en la iglesia cuando acompañaba a su mamá a misa todos los domingos, incluso había una en su casa, siempre había considerado que su contenido era propiedad exclusiva de los sacerdotes y hoy evalúa su importancia en los sucesos que le agobian.

Descubre  que el antecedente más antiguo del texto, es la traducción hecha por setenta y dos sabios hebreos al servicio de Ptolomeo Filadelfo, Rey de Egipto doscientos ochenta y cinco años antes de nuestra era, de escritos sagrados cuyo origen se desconoce. Se acepta, sin embargo, que el Antiguo Testamento contiene únicamente el Pentateuco que después fueron clasificados en cinco libros atribuidos a Moisés para darle sustento a su liderazgo en la liberación de las doce tribus de Israel, de la esclavitud a que les sometió el Faraón Seti Primero, el año de mil doscientos noventa y cinco antes de nuestra era. ¡Una diferencia de mil años en la traducción de la Tora, como lo conocen los judíos!

La dinámica del lenguaje y de la sociedad, sin ignorar el legítimo interés personal del mecenas de los traductores, abre una duda fundada sobre la versatilidad y objetividad, que bien pudo ajustarse a los requerimientos del promotor financiero en sus aspiraciones de poder políticos, justificado en alteraciones del original del Génesis, el Éxodo, el Levítico, Números y Deuteronomio. El estudiante coteja la información histórica para establecer que Moisés huyó de Egipto por haber asesinado a tres súbditos del Faraón, aunque se le atribuye el ser descendiente directo de la casta dominante del país. Soslaya el hecho para evitar dispersarse en su búsqueda. Encuentra que la palabra Adam significa Hombre en hebreo y figura más de quinientas veces en el Antiguo Testamento, aunque en algunas ocasiones se utiliza para diferenciar al género humano de los demás seres vivos. Algunos estudiosos asientan que la etimología de la palabra Adam es incierta. El único indicio se encuentra en el Génesis que se vale de un juego de palabras que revelan un aspecto esencial de su significado: La palabra Adam tendría como antecedente el concepto Adamah, entendido como “el suelo” y por extensión adaptada a través del tiempo, se perfeccionó en “la tierra”.

Inconforme con los primeros resultados de su investigación, Miguel acude a los historiadores de las religiones anteriores. Encuentra que en la religión musulmana se mezcla la etimología de Adamah con Sadama, una palabra que orienta más a la concepción de la “sal” que a la tierra, con la única coincidencia en el origen terreno. El joven se recarga en la silla y se frota los ojos para descansarlos. Cruza una imagen en su pensamiento: Días antes había asistido a un bautizo y el sacerdote le dio “la sal de la vida” al infante. Según los principios químicos la sal es un cuerpo que resulta de la substitución de los átomos de hidrógeno de un ácido por radicales básicos. Razona el estudiante que la sal se encuentra en grandes cantidades en la naturaleza y se usa, desde el condimento de la comida hasta la atención a los deshidratados, enfermos estomacales o... desmayados. ¿Los desmayados? ¡Sí! Les dan  a oler sales para reanimarlos, es decir, volver a animarlos, una palabra que desciende directamente de ánima y que se entiende como alma.

Comprende el pasante de medicina que la sal activa el alma y debe haber alguna correlación. En el Génesis no se hace una diferencia entre cuerpo y alma, sino entre el cuerpo de tierra y la vitalidad del aliento o el “Soplo Divino” para convertir al hombre en un Nefhesh Hayyah, que significa “un ser viviente”. El problema es que la frase hebrea se aplica lo mismo a los humanos que a los animales. Solamente se distingue Adán por la forma en que le fue concedido el Don de la Vida como un legado de Dios, dueño absoluto del aliento vital. Charles Darwin, recuerda el buscador de respuestas, especuló sobre la evolución de las especies en mil ochocientos cincuenta y nueve. Concluyó en que el origen de la vida se encuentra en el mar, un lugar con inmensas riquezas salinas, que al recibir los rayos solares generó la creación de seres unicelulares. La sal es el punto coincidente del científico con las tradiciones sagradas de los pueblos. Definitivamente se carecía de sustancia para mantener un ficticio divorcio entre los dos dogmas o principios.

Con estos apuntes, el joven se apresura a deducir que Kardmón tendría alguna relación con el carbón o carbono, ya que el primero es un producto que se obtiene de la combustión de la madera, los huesos de los animales, y el segundo es un cuerpo simple que se encuentra en la naturaleza cristalizado en el diamante y el grafito, empero, lo más importante, que forma parte de la combustión de casi todos los tejidos vegetales y animales.

En los ejercicios de laboratorio en química orgánica, recuerda el futuro médico que los esquemas mostrados por los catedráticos, representaban átomos del carbono que pueden unirse entre sí en cadenas que dan lugar a diferentes compuestos. ¿Qué relación puede existir, entonces?

Deduce que el punto convergente es la combustión apreciada en el proceso de respiración del ser humano, efectuada en el intercambio gaseoso entre los tejidos vivos y el medio exterior al inspirar y expirar, que le permiten a la sangre apoderarse del oxígeno, una palabra griega que significa “engendrar”. Un acto tan rutinario y mecánico que se olvida la profundidad e importancia para el género humano.

Empero, tendría más una relación con la palabra Kadmón, sin la ere. ¿Qué podría indicar esa letra? Si está en el área de religiones y el Kadmón se vincula con el principio científico del carbón, la letra sobrante podría inferir, entonces, algo relacionado con la religión. Miguel abre un diccionario para encontrar que religión “es el conjunto de creencias y dogmas que definen la relaciones entre los hombres y la divinidad”. Busca sus raíces y descubre que el concepto proviene del latín “religare” y que traducido implica “religar”. ¿Qué se pretende religar? En primer lugar, algo que rompió su liga a conexión y en segundo lugar, si se acepta como la definición de las relaciones entre los hombres y la divinidad, se podría pensar que es precisamente esa relación la que se rompió y se intenta reconectar o “religar”, volver a unir.

De estar en lo correcto en sus deducciones, Miguel considera como natural que Adam Kardmón se reconociera como Hijo de Dios. El Nefhesh Hayyah que se religa a la divinidad. Sería, entonces, ¿un Mesías? ¿Un milagro? Lo único seguro es que el hombre recibió una herida mortal y se sanó sin la intervención de los médicos que le habían abandonado en su fatal destino. Se estremece al pensar: “¿Un Hijo de Dios mora entre nosotros?” Sacude violentamente la cabeza y mira con precaución a los demás lectores con el temor de que hayan escuchado sus pensamientos y le considerase un loco.

Acude a su escudo protector del escepticismo racional: La era de los milagros fue superada cuando el conocimiento científico desplazó a la ignorancia impuesta por el fanatismo religioso. En la época moderna, el hombre es dueño de su propio destino. Incursiona en el espacio sideral con potentes naves que descubre la riqueza potencial de otros mundos y que esperan pacientemente la conquista de la humanidad. La electrónica se perfeccionó en la cibernética y proporciona los satisfactores mediatos de los seres humanos. Hay una importante industria aeroespacial con infinidad de satélites al servicio de la sociedad. ¡Ya no hay barreras! Se ha logrado una evolución inimaginable, al grado de poder observar a los átomos y profundizar en su estudio para destruir el mito de que era invisible e indivisible. Es cierto que existen problemas como el SIDA o el ébola, pero son superables. Nada puede oponerse a la imaginación del hombre. A finales del siglo dieciocho nadie pensaba en que se podía transitar los caminos en automotores y mucho menos que se pudiera transportar a los humanos por el aire. ¿Por qué perder el tiempo en tesis ya superadas y analizadas por diferentes generaciones? Se pregunta al tiempo de cerrar los libros y levantarse para ir a entregarlos, con la sensación de haber desperdiciado esas horas. Sin embargo, en su interior surgen muchas más preguntas que las que tenía antes de entrar a la biblioteca.

Observa el reloj de la pared del recinto. ¡Son las dos de la tarde! De la Universidad al hospital tardará cerca de una hora, lo que significa que llegará retrasado treinta minutos. Suspende sus inquietudes ante la prioridad de presentarse en su trabajo. A bordo de su automotor, piensa:

- Dios mío, ¡ojalá y llegue a tiempo!

 

 

 

Fatigado por la dura jornada hospitalaria, Miguel abre la puerta de su apartamento. El joven de veintitrés años se independizó desde que ingresó a la Facultad de Medicina en la Universidad, más por razones de distancia y horarios que por deseos personales, dejó a sus padres que viven en Cuautitlán Izcalli y se mudó a ese aposento que es un poco reducido pero suficiente para un estudiante ávido de centros culturales, librerías que proliferan en la colonia Oxtopulco. En quince minutos, caminando puede llegar a la escuela o a la biblioteca. Aunque acudió al financiamiento paterno para adquirir un auto compacto cuando ingresó al servicio social.

Sus vecinos lo califican de un estudiante tranquilo. Las escasas reuniones que organiza en fiestas de fin de semana, normalmente se convierten en sesiones de análisis e intercambio de experiencias con planes ambiciosos al salir de la escuela. En sus pensamientos contempla instalar un consultorio particular en alguna de las trescientas mil zonas marginales que corona el Distrito Federal. Su madre le inculcó el deber de servicio al prójimo en el marco de los principios católicos, y su padre, un liberal dedicado al comercio, le instruyó para buscar el conocimiento que le hiciera destacar por sus buenas acciones y vocación de servicio sin sacrificar su propio bienestar. La disciplina en el estudio, la reflexión profunda en la comprensión y el sentimiento humanista, fueron los principios recibidos.

En su metro setenta y dos de estatura, de complexión delgada, con tez morena claro, cabello corto y ondulado, nariz aguileña, Miguel es un joven apuesto y sencillo. Firme en sus convicciones. La formación académica ha pulido su capacidad de análisis con el rigor científico que le aleja de conversaciones fútiles o relaciones pasajeras con el sexo opuesto. Piensa en la mujer como una compañera que merece respeto y tiempo habrá para encontrar a su pareja.

Enciende la luz de la sala. La pesadez de la cabeza la atribuye al fastidio de las horas pasadas en el hospital. En la cocina toma un vaso de leche y se siente cansado para repasar las enseñanzas recibidas en al aula y en el nosocomio. Decide ir a la cama para descansar y levantarse de madrugada y estudiar la tarea escolar.

Más tarda en acomodar la cabeza en la almohada que caer en un sueño profundo. En el fondo de la inconsciencia escucha una voz que le llama por su nombre en un tono amoroso que genera seguridad. Es imposible distinguir los rasgos por la luz brillante en donde observa una silueta masculina que le toma de la mano derecha y le conduce con suavidad por un sendero maravilloso con tonalidades doradas, plateadas, verdes, azules por separado y convergentes en momentos.

Llega a una zona de penumbra y al fondo, lo que parece una puerta, irradia un blanco con destellos violetas. Se acerca con entusiasmo. Presiente el encuentro de la irrealidad con su pensamiento.

Las siluetas empiezan a materializarse. Un bosque frondoso con un río. La fauna silvestre se muestra hospitalaria. Intenta tocar un pajarito amarillo de trino fresco: ¡No se mueve el animal y tampoco puede sentirlo! ¡Cómo si estuviese insensible! Parecería una película en donde puede moverse sin alterar el curso de la acción de los actores. El estar etéreamente sin estar materialmente, le genera cierta seguridad y empieza a caminar por la ribera pluvial en época de primavera.

Llega a una aldea en donde las carretas tiradas con mulas y bueyes, transportan víveres, borregos, cerdos, gallinas, pieles sin curtir. Cualquier lugar en la calle se presta al mercadeo. Una sensación extraña le lleva hacia un castillo con puente levadizo y altas torres. Desconoce cómo pero sabe que es el centro del poder político del lugar. Ingresa al castillo medieval. Se encuentra en un amplio pasillo alumbrado por teas. Traspasa una gruesa puerta de madera y cerrojos de hiero pesado. Está en un salón rectangular. Dos hombres protegidos por túnicas azul marino con estrellas bordadas con hilo de plata, alistan el aceite y encienden cinco recipientes: Uno en cada esquina y el quinto en el centro para alumbrar el recinto. Una vez iluminado, distingue en el oriente dos tronos aterciopelados con el símbolo de un león parado en dos patas, labrado en el respaldo de madera. Mira a los entunicados que alistan tres candelabros en el centro de una mesa redonda con una estrella de doce picos. Gira la cabeza y cuenta treinta y tres columnas de estilo jónico.

Es sorprendido por la risa de un hombre robusto de metro ochenta, con barba grisácea que cubre el mentón blanco y destaca el brillo de los ojos azules. En el brazo derecho descansa un casco de guerrero y su cabeza y el torso son protegidos por una malla metálica. Su capa azul con dos botones de oro, flota en el andar presuroso del hombre seguido por once caballeros que se acomodan alrededor de la mesa. Con sus espadas forman una bóveda al momento en que las velas son encendidas por el más joven de los entunicados mientras que el caballero de capa hace una oración con los ojos cerrados, pidiendo a Dios una mente lúcida y transparente para interpretar el conocimiento y la fuerza de la voluntad para convertir las resoluciones en acciones concretas. Depositan las espadas sobre el tablón con las puntas al centro y se disponen a trabajar.

Miguel quiere quedarse en ese lugar, pero algo más fuerte le impulsa a seguir al joven que sale del salón con discreción. Le acompaña por el bosque hasta llegar a una laguna orgullosa de su color esmeralda que refleja la luna llena. De una bolsa de cuero extrae una esfera de cristal que acomoda en sus piernas después de haberse sentado cómodamente bajo un árbol. Fija la vista en el objeto cristalino y pasa tres veces las manos sin tocarlo. El cristal empieza a flotar. El reflejo lunar se pierde por la neblina en su interior.

Un proceso lento. Emerge primero una silueta y se consolida en una imagen. La curiosidad obliga a Miguel a acercarse. Su rostro proyecta el asombro: ¡Es él mismo, en el interior de la esfera de cristal! La incredulidad cede paso al temor. Se aprisiona en una especie de angustia. Más, la voz amorosa le tranquiliza: “¡Calma! Estás a cubierto por el Amor Divino y nada puede tocarte”. Recupera la serenidad y determina seguir viendo hasta encontrar el desenlace de su rara aventura. Recuerda que está dormido y, lo mejor, que en esa realidad virtual, es invisible, sin mayores riesgos que afrontar.

Retoma la visión de la esfera de cristal. Su rostro se difumina y observa al Distrito Federal desde siete kilómetros de altura, como si fuese un avión listo al aterrizaje. Se acerca lentamente. Distingue la Torre Latinoamericana, el Hotel de México convertido ya en World Trade Center, la Torre de Petróleos Mexicanos. Más cerca, flota por encima de la glorieta del Metro Insurgentes. Los seres humanos, además de la asfixiante capa de contaminación, proyectan de su interior una luz opaca en donde predomina el gris y el café oscuro. Vistos desde ese lugar, pululan sin destino cierto. Los rostros endurecidos con hombros caídos. La imagen de la derrota de Sísifo ignorante de cuando terminará el Calvario sin importarle el origen de la pena, porque se han acostumbrado a convivir con ella. Nace en el interior de Miguel un sentimiento de compasión solidaria. ¡Cuántas veces ocupa lugar en ese espacio y en esa dimensión del tiempo!

Se detiene la esfera en un punto. Como si fuese una cámara fija. Capta a un hombre delgado y de edad avanzada que estira los brazos. Otro hombre, corpulento, gira violentamente y se encamina al viejo. Muestra un semblante amenazador. El observador tiene deseos de gritar su impotencia al ver como lo arremete físicamente. El silencio se apodera de su garganta cuando mira como entierran una daga en el cuerpo indefenso. Se acerca a la escena. ¡No! ¡No es posible! Es el mismo hombre que atendió en el hospital. Ese ser que recibió desdeñosamente y desahució anticipadamente con la simpatía del agente del ministerio público.

No soporta el hecho y aspira profundamente. Despierta y se mira sentado en el pie de la cama. De su frente manan gruesas gotas de sudor. Sus manos tiemblan. Le sobrecoge el miedo. ¿Acaso murió realmente? ¿El muerto se vino a despedir o a reclamar su insensibilidad de médico y de hombre? Tiene la boca seca.

Sacude la cabeza para despejar el pensamiento. Es inverosímil que un muerto regrese para cumplir una venganza. Una fábula recogida en las tradiciones y leyendas de la Colonia y sin posibilidad de presentarse en días en que la ciencia domina a la naturaleza. Mira el radio-reloj en su buró: Son las doce de la noche. ¡Durmió una hora y siente como su hubiese sido toda la noche! Se percata de la resequedad de su boca y se levanta para ir a la cocina a tomar un poco de leche en un vaso de vidrio que deposita en el ante brazo del sillón en que se sienta con las piernas en semi flor de loto y con la mirada clavada en la oscuridad de la sala.

Según los catedráticos universitarios, el sueño es la representación en la fantasía de diversos sucesos recogidos en la jornada diaria. Puede decirse que se viven cosas fantásticas y sin fundamento en la realidad. Normalmente se presentan en forma desordenada en el inconsciente desconocido y marginado por los investigadores que dudan, incluso, de su ubicación dentro del cerebro, definido como materia nerviosa que ocupa el cráneo de los vertebrados y es el asiento de las sensaciones, así como el principio de los movimientos voluntarios ya que los involuntarios se encuentran en el cerebelo que controla la fuerza de la costumbre.

Si el sueño es una manifestación de acciones recogidas en el día, sería normal, entonces, la experiencia reciente. Posiblemente influyeron las lecturas apresuradas en la biblioteca y que le crearon mayores dudas que respuestas y se reflejó en la irrealidad de la fantasía.

- Eso fue –se dice convencido y se dispone a dormir nuevamente. Además, el fin de semana siguiente visitará a sus padres y el viejo con sus ideas raras, adquiridas entre los liberales, podría darle una explicación más racional.

 

 

Capítulo I

La Manifestación

Capítulo III

El Secreto de la Abuela

 

 

 Adam Kardmón, la conspiración del fin del fin del mundo Ó.

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