Mario Luis Altuzar Suárez: Director General |
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Adam Kardmón
La
Conspiración del Fin del Mundo
Por Mario Luis Altuzar Suárez
Capítulo XIII La Renovación “El fuego se renueva al infinito de
la naturaleza”, escucha Miguel en su memoria. Siente el frío del amanecer en
las instalaciones deportivas de la Universidad, en donde pasó toda la noche
en meditación bajo la bóveda celeste, buscando respuestas al mensaje recibido
de su Maestro y de sus propias inquietudes. Armenta observa un impresionante
despliegue militar para bloquear con barricadas los accesos y ordenar a los
deportistas matutinos que desalojen el área y regresen a sus casas para
recibir instrucciones por la radio o la televisión. Con tranquilidad se
dirige a su automóvil y lo aborda para ir a su departamento, sin alcanzar a
percatarse de la dimensión de los hechos que se precipitan para romper la
inercia cotidiana. En el camino reflexiona sobre su
reciente trabajo astral, en donde se manifestó Daniel con su profecía:
“Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán
ímpiamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos
comprenderán. Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás, para
recibir tu heredad al fin de los días”. Las palabras buriladas en su pecho,
provocan un ardor interno muy intenso. No alcanza a entender la profundidad
de los conceptos en donde intuye el significado oculto del mensaje en la
imagen de Cuatro Maestros Guardianes de los Portales del Norte, del Sur, del
Occidente y del Oriente que custodiaban a una multitud vestida con ropajes de
lino blanco, de píe frente al Tabernáculo en cuya parte superior flota una
nube plateada por donde sale el sol, con el número doce mil, claramente
visible. Ingresa a su departamento en donde el
timbre del teléfono no descansa. Avienta la mochila y corre para contestar.
Levanta el auricular para oír una cascada de palabras: -
¿En
dónde te habías metido? Todos estamos preocupados por ti. ¿Ya le hablaste a
tu papá? ¡Debe estar muy preocupado! -
¿Por
qué? No sé de lo que me hablas. –Por los gritos, la interlocutora está al
punto de la histeria y exclama--, ¡Karla! Tranquilízate y respira suave y
profundamente. Debes visualizar el aire azul que ingresa al fondo de los
pulmones. Ahora sí, dime lo que te sucede. -
Quien
sabe a que hora fue, pero hay cambios políticos muy fuertes. Por la radio
únicamente se transmite el Himno Patrio que es interrumpido por informes
militares. Tengo grabada una comunicación de la una de la mañana con el
Encargado de la Defensa Nacional custodiado por su colega de la Guardia
Especial de Su Excelencia. Informa que renunció el Jefe de las Instituciones
por razones de salud y que asumían el control político del país, para
salvaguardar la transmisión de poderes que orden los legisladores en las
próximas horas. -
No
tienes de que alarmarte. Quédate en tu casa y no salgas para nada. ¿Qué sabes
de los hermanos? -
La
Maestra Carolina se encuentra bien. A todos los agarró de sorpresa esta
situación que era difícil de imaginar. ¡Dice mi papá que no había indicios
que anticiparán esta nueva realidad! -
Por
ahora, debes tener calma y entrar en oración para que se Manifieste la Luz de
la Protección de Dios Padre, en todos y cada uno de los hermanos. Recuerda
hacer un quantum de amor para toda la hermandad. Después te llamo. El estudiante se comunica con su
familia para saber como se encuentran. Su papá le proporciona la versión de
los hechos que le dieron los miembros de su logia: -
Al
parecer, el gabinete en pleno, con los representantes populares, descubrieron
que Su Excelencia padecía de alzheimer progresivo, esa enfermedad senil que
es muy difícil que se manifieste en personas de cuarenta a los cincuenta
años. Aunque cabe la posibilidad remota, por factores genéticos. -
Papá,
esa enfermedad no puede presentarse por herencia, según los últimos estudios.
¿No es muy raro? -
Pero
acuérdate que si en nuestro país hubiese nacido Kafka, no se le consideraría
el padre del surrealismo sino un escritor costumbrista. –Y ríe para celebrar
su ocurrencia. Retoma la conversación--, quien sabe realmente lo que está
pasando en las alturas del poder. Lo único que puedo aconsejarte s que no
salgas a la calle para prevenir contratiempos. Yo no abrí el comercio, hasta
que veamos como está la situación. -
Aquí
voy a estar a menos que me llamen del hospital. Hasta luego. Un beso para ti
y para mamá. Enciende el televisor y observa en la
pantalla que los Representantes Populares ofrecen entrevistas a los medios
masivos de comunicación para confirmar que el Excelentísimo, en un momento de
lucidez, presentó su renuncia con carácter de irrevocable y que sería enviado
a una institución en el extranjero para su atención médica. Se suspenden esas
imágenes para dar paso al amplio salón de sesiones en donde el líder de la
fracción del partido en el poder, anuncia: -
Con
fundamento en el artículo ochenta y seis de nuestro máximo libro de la Ley,
los miembros de las dos cámaras, reunidos en forma extraordinaria, hemos
estudiado la renuncia presentada por el Jefe de las Instituciones acompañada
del diagnóstico médico y aceptamos con profundo pesar para la nación. Con
sustento en el artículo ochenta y cinco del mismo libro, y después del
análisis profundo del perfil del hombre que necesita el país en estos
momentos de extrema urgencia, se aprobó por unanimidad, designar como sucesor
a Don Eduardo Koffman Urigarte, quien hasta este momento desempeña el puesto
de Encargado de la Política Interior. Se abre un receso para que la Comisión
de Cortesía se traslade a la Primera Residencia de la Nación, para informar a
los dignos representantes de las Fuerzas Armadas, la decisión de esta
Soberanía. Con el Himno Patrio de fondo al
emblema de la Jefatura de las Instituciones, se suspende la transmisión de
televisión. Miguel recuerda las palabras del Maestro antes de partir: -
Descifre
el signo de los tiempos que están por manifestarse en el entorno de un Rey
que despojado será de su corona, obligado a abandonar sus tierras. Reflexiona: -
¡Es
muy claro! ¿Pero será cierto? Sale a la calle para comprar un
periódico y buscar si hubo algún golpe de estado en cualquier parte del
mundo. Regresa a sus aposentos y hojea rápidamente el periódico sin resultado
alguno. Su atención es desviada al televisor y escucha la voz del locutor al
reiniciar la emisión: -
En
estos momentos se hacen los preparativos en la Máxima Representación Popular
para iniciar la transmisión de poderes. Vemos llegar, con su uniforme de
gala, al Encargado de la Defensa Nacional quien mostró su sentido patriótico
al ocupar por diez horas el máximo poder de la nación y aceptar entregarlo, a
nombre de Su Excelencia Rodolfo a un civil para que impere la tradición
pacifista de un pueblo que observa en la banda que ahora porta con gallardía
y jovialidad, el símbolo de la esperanza de preservar el destino libre y
soberano d nuestra democracia. A su lado camina Don Eduardo, que a sus cincuenta
años, hasta hace unos momentos no había soñado con llegar en forma tan
inesperada a regir los anhelos y aspiraciones de sus compatriotas. Se tocan
los honores correspondientes y todos guardamos un silencio respetuoso. El adepto observa la enigmática
figura de una anciana con rica vestimenta y enjoyada que camina en medio de
los dos protagonistas principales del momento. ¡En algún lado la vio! Se
dirige al matutino y comprueba que se encuentra en la fotografía cuando el
Excelentísimo estampa la última firma de su mandato. Aunque ocupa una
posición discreta atrás de los altos funcionarios, protegida en la penumbra,
Miguel cree ver una sonrisa burlona de la mujer que intenta ocultar su
rostro. El joven médico siente la necesidad de cerrar los ojos para recibir
la manifestación de ese momento: El hombre de lentes y con pelo
encanecido por el ejercicio del poder al frente de las Instituciones, es
recriminado agriamente por esa anciana que señala con el índice derecho a un
lugar que proyecta un haz de luz café opaco, para tenerlo paralizado en el
sillón. No alcanza a percibir las palabras pero observa como una mujer adulta
y alcoholizada quiere proteger en su regazo a unos pequeños, arrinconados por
las bayonetas de los soldados, ante la severidad de un hombre alto y de faz
blanca que se parece al Presidente de los Estados Unidos. -
¡Créelo!
¡Es cierto! –Escucha el mentalista y abre los ojos para casi gritar: -
¡Maestro!
¿En dónde estás? El silencio es la única respuesta. No
tiene tiempo de analizar las visiones por el sonido del teléfono. Contesta: -
Sí,
doctor. En este momento salgo para allá... No, no creo que sea necesario...
Bueno, como usted lo ordene. Al mismo tiempo de colgar el
auricular tocan a la puerta. Abre para ver dos militares de bajo rango que
llegaron a buscarle con instrucciones de escoltarle al Centro Médico de
Urgencias Populares. En el trayecto, el joven doctor
entiende la razón de que sus jefes le hayan procurado esa protección. Observa
como son detenidos los conductores, revisados con altanería sus documentos y
en casi todos los casos, remitidos a una guardia especial. Las tanquetas
patrullan las calles y en el cielo se oye el ruido de los aviones y
helicópteros. Al arribar al hospital se encuentra con un panorama crispante:
Heridos y golpeados que después de la atención médica serán consignados a la
policía. Responde a su vocación de servicio e inmediatamente inicia su labor
en urgencias. ¡Tanto dolor y tanta sangre, constriñen su corazón! -
“Vea
, mi hermano, que se ha quitado la paz sobre la faz de la tierra y se matan
unos a otros, sin percatarse de que la Muerte seguida por el Hades, avanza en
adjudicarse la potestad sobre la cuarta parte del planeta para matar con
espada y hambre”, es la voz del recuerdo almacenada en la memoria. Un compañero lo llama para que todos
se concentren en la Dirección General. Allí, su jefe les invita para ver en
la televisión los pormenores del momento. Mira que la enigmática anciana,
después de que el Encargado de la Defensa Nacional se quita la banda para
entregarla al Representante Popular, la arrebata para imponerla en el sucesor
designado y escucha el juramento: -
Protesto
guardar y hacer guardar el Máximo Libro de la Ley y las leyes que de él
emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Jefe de las Instituciones
que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y la prosperidad
de la Unión, y si así no lo hiciere que la nación me lo demande. ¡En Dios
confío! Cambios substanciales como la
presencia del Presidente de los Estados Unidos que, fuera del protocolo, sube
a la máxima tribuna nacional para felicitar al recién designado Jefe de las
Instituciones. -
“Y
los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido
reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la
bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad
a la bestia”, escucha Miguel en sus pensamientos que abandona al observar que
las cámaras de televisión se anulan por la imagen de vídeos para mostrar la
importante trayectoria política del nuevo dirigente y presentar la primera
entrevista que concedió momentos antes de la ceremonia oficial: -
Mi
compromiso es con un país respetuoso de la ley y que sabe honrar su palabra
en los compromisos internacionales. Habrá algunos ajustes en materia política
para combatir la criminalidad. Les pido a todos mis conciudadanos, su
comprensión en estos momentos de grave tensión que pretenden aprovechar los
enemigos de nuestra soberanía y de las instituciones. Para evitar que logren
confundir a la sociedad con sus mensajes apocalípticos, cuando avanzamos a la
consolidación de la recuperación económica, hemos detectado la peligrosa
presencia de falsos líderes sectarios y agitadores que serán encausados y
anulados por el bien de la Patria. Vivimos momentos de tranquilidad y paz
social y nadie podrá adjudicarse iluminismos divinos para atentar contra un
estado de derecho que se ha forjado a través de los siglos con la sangre de
nuestros ancestros. Un discurso que conduce a Miguel a
recordar las palabras de su Maestro: -
“He
aquí que algunos de nosotros caeremos en la cárcel para probar nuestra
fidelidad a la Obra del Padre, porque la oscuridad confiada en su
prepotencia, engañará a las naciones que están en los cuatro ángulos de la
tierra para reunirlos en contra de los Soldados de la Luz”. Palabras del Iniciado que empiezan a
tomar su verdadera dimensión al descifrar los hechos del momento, empero, que
abren su entendimiento a la misión que deberá completar: Ese número
proyectado en la nube del Oriente, eran doce mil que multiplicados por los
Doce Jerarcas del Pueblo de Dios, representan los ciento cuarenta y cuatro
mil sellados, destinados a esperar a los Maestros Ascendidos en el momento
final. Con gozo mira al cielo al escuchar: -
¡Preparad
la Tierra! ¡Ya es el momento! Sale de la oficina para dirigirse a
cumplir su cometido de atender a los heridos y golpeados, víctimas de la
transición política, no tan pacífica como se anuncia oficialmente en los medios
masivos de comunicación. Cuando se encuentra en el pasillo al irreconocible
agente del ministerio público, ahora, pulcramente vestido con traje de
manufactura extranjera, mancuernillas y pisa corbata de oro, con intenso olor
a loción francesa y zapatos británicos: -
¡Hola,
doc! ¿Cómo ha estado? ¡vine única y exclusivamente a buscarlo! -
No
tan bien como usted, pero estamos aquí, cumpliendo con el Juramento de
Hipócrates, al servicio de la comunidad. ¿En qué puedo servirle? -
¡Deje
eso! Venga conmigo. Solamente un momento. –Le dice en tono suplicante al
estudiante que piensa, se trata de alguna emergencia con un familiar. Le
acompaña al estacionamiento y oye: -
¡Mire,
doc! ¡Qué carrazo! ¿No le parece? -
Muy
bonito, pero ¿para esto me trajo? Yo creí que... -
No
mi doc. Quería comunicarle que me designaron Director de Operaciones de la
recién formada Policía Nacional. Y quiero mostrarle algo, pero no aquí, es en
otro lugar. -
En
este momento me es imposible. ¡Tengo mucho trabajo! -
¡Venga
conmigo! ¡Le conviene! Hombre, yo sé lo que le digo. -
¿Por
qué razón? -
Yo
sé bien mi cuento. Tiene que ver con aquel sujeto de la magia. Al oír esto, Miguel se interesa y
acepta acompañar al funcionario de policía. Suben al lujoso auto y se abren
paso con la sirena abierta, para evitar que sean interrogados por los retenes
militares. Llegan a la avenida Niños Héroes en la colonia de los Doctores y
descienden frente al Servicio Médico Forense: -
¡Qué
le parece, doc! -
¿Qué
cosa? -
Sus
nuevas oficinas. ¡Usted será el nuevo director general del Servicio Médico
Forense! Me tomé la libertad de recomendarlo ampliamente con mis jefes y aquí
en el bolsillo, traigo su nombramiento que entra en vigor en este mismo
momento. -
No
le entiendo lo que dice. ¿Podría explicarse? -
Sígame
y vera. No debemos ser descorteses con quien nos proporcionó todo. Y con exceso de confianza toma del
brazo al médico para conducirle por los fríos pasillos de la morgue. Llegan a
las planchas y detiene a unos soldados que estaban por llevarse un cuerpo: -
¡Tenemos
órdenes superiores! Debemos llevar este cadáver al Campo Militar número Uno. -
¿Quién
dio las instrucciones? -
Mi
teniente acompañado de un mujer. No le creímos pero nos dijo que lo
lleváramos a los crematorios porque piensan que puede resucitar y para evitar
cualquier contratiempo, pues quieren ver sus cenizas. ¡El que manda, pos
manda y ya! ¿No? -
Ahorita
se lo llevan. Déjeme unos minutos con él, ya que el nuevo Director del
Servicio Médico Forense, debe autorizar la salida de un cuerpo. En unos
segundos les llamamos.—Y despide en la puerta a los castrenses mientras que
Miguel repara: -
¡Oiga!
Yo no le he dicho que ya acepté el cargo. -
¡OH!
¡Cómo no, mi doc! ¿A poco se va a negar a ganar mucha lana para disfrutar de
la vida? A su edad y con este cargazo, ya cualquiera lo envidiaría.—Comenta
mientras levanta la sábana para mostrar el cuerpo de su Maestro, cuya paz en
el rostro parece iluminar el recinto. Añade--, le dije que este cabrón traía
torta para todos. Y quien mejor para recibir los beneficios que usted, mi
doc. El estudiante contiene su angustia
que se transforma en su interior en impotencia. Hace una oración y en su
cerebro toman forma las palabras: “Ya pronto partiré y usted deberá continuar
la obra. Nada se puede temer cuando se sabe que Dios está en uno”. Adquiere
la templanza y devoción y con humildad, empieza a entender: -
Entonces
qué, mi doc. ¿Acepta? Se abre el cielo y baja un rayo de
luz plateada que cubre a Miguel al momento que postula: -
¡No
puedo aceptar! Sería tanto como traicionar a mi Maestro. -
¿No
aceptas? ¿Pues quien cabrones te crees? –Empieza vociferar el funcionario,
más por el miedo al ver las tonalidades que proyecta su interlocutor que
señala: -
En
verdad os digo, mi querido hermano, escrito está en el Libro de la Vida, que
está cerca el día en que Él llegará para recompensar a cada uno según su
obra. -
No
te entiendo ni madres. ¡Pareces borracho! -
Mi
hermano no quiere ver lo que es visto por la Anunciación. -
¡¿Quién
eres?! –Inquiere atemorizado por el coro que se manifiesta desde algún lugar
desconocido y que interpreta en el congelamiento de su sangre: “¡Hombre de
Carbón. Hijo de Dios”, al momento que escucha la suave voz de su acompañante: -
¡Yo
soy el que soy! ¡Soy Hijo de Dios! ¡Yo soy Adam Kardmón! |
Capítulo XII |
Adam Kardmón, la conspiración del fin del fin del
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